
Todo lo que La Monte Young, justifica a través
de sus complicadas fórmulas, cobran sentido al
estar ahí en la misma instalación. Las ondas
sonoras son emitidas sin piedad a través de los
parlantes y rápidamente tocan tus fibras sensoriales.
De pronto te das cuenta que con solo girar levemente tu
cabeza, la percepción sonora cambia y ya no escuchas
lo mismo. Si mueves las manos, si caminas, si te mueves,
o emites cualquier clase de ruido (bajo el concepto de
que el ruido entorpece la transmisión de un mensaje,
alterando su recepción final, sin que necesariamente
haya un elemento sonoro que se encargue de entorpecer
el envío del mensaje), se produce un cambio en
la percepción del sonido.
Luego de algunos minutos, te das cuenta de que puedes
tener cierto control de algunas intensidades y te puedes
permitir jugar con ellas, ya sea moviendo las manos, girando
la cabeza lentamente o como tu quieras. La sensación
de asombro ante tal experiencia es indescriptible y no
te das cuenta de cómo transcurren los minutos,
mientras tu te encuentras en un estado mental específico,
en medio de esa concentración de energía,
las luces magenta y el fuerte olor a incienso que no deja
escapar ningún rincón de la sala.
Cuando decides salir del loft y cierras la primera puerta,
aun vas en pleno viaje. A medida que vas bajando la escalera
y la intensidad del sonido disminuye, sientes que vas
cruzando un túnel que te llevara de vuelta a otra
dimensión. Sales a la calle en un extrañísimo
estado mental, pero al mismo tiempo, con la adrenalina
a full, positivamente excitado (y al mismo tiempo, desconcertado).
La sensación fue disminuyendo lentamente con las
horas, como aun asimilando semejante experiencia.
En 1999, Simon Reynols trata un tema no menos interesante
en su libro, “Generation Ecstasy : Into the World
of Techno and Rave Culture”. Luego de su extenso
análisis, el autor concluye que luego de las manifestaciones
perceptivas originadas por los beats, la gente no necesita
de melodías para sentir alteradas sus percepciones.
Por lo mismo, las siguientes revoluciones sonoras vendrían
cada vez mas alejadas de las melodías (y por consiguiente,
del formato de canción) y que el camino a seguir,
vendría mediante la destrucción del beat
y también vía múltiples expresiones
ruidísticas. Visionario o no, no es casualidad
que durante esta década, casi todo lo bueno que
ha sucedido en materia musical, ha estado mucho mas cerca
del ruido que de la melodía. Remitiendose a Young,
su influencia no ha sido menor, desde Lou Reed (en Metal
Machine Music) o Dylan Carson (Earth) hasta los psicodélicos
Spacemen 3 (Dreamweapon), solo por mencionar unos pocos
nombres.
Cuando esta instalación fue realizada, sus creadores
decidieron que no habría fecha de cierre para esta
creación, lo que asegura la emisión eterna
del sonido generado por el sintetizador. ¿Cómo
será la sensación de volver a este lugar?
¿Qué sucedería si nos quedamos una
semana allí? Lo único seguro es haber sido
parte de un suceso. La gran energía que envuelve
a la instalación es indescriptible, mágica
y se siente. Casi se puede tocar y definitivamente, eso
no es cosa poca.