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BLACK DICE + THE
SKATERS + IUD
Sábado, 23 de Febrero de 2008.
Market Hotel, Bushwick,
New York.
El derrumbe de la escena neoyorquina es inminente.
Definitivamente ya pasaron los buenos años que pusieron
a Brooklyn y específicamente a Williamsburg, en boca de
todo el mundo musical.
Todas las escenas son efímeras y definitivamente
esta no es la excepción a la regla. La nueva generación
de bandas no ha estado a la altura de las circunstancias y las
pocas que siguen pululando, no alcanzan los niveles creativos
necesarios para que se las pueda tomar completamente en serio.
Con la debacle artística y alejamiento
geográfico de algunos de sus protagonistas, resultaba interesante
ver el estado de salud de Black Dice, en un contexto
bastante diferente (o quizás no tanto) al de algunos años
atrás. La escena underground cada día se encuentra
mas alejada de las zonas urbanas que concentran a los hipsters
de turno, quizás buscando en forma desesperada, la dosis
de espontaneidad que se necesita para poder presentar o cobijar
a una nueva generación de músicos bajo otro contexto
estético.
El lleno total del concierto, no es casualidad.
Sin publicidad alguna, alrededor de 400 personas se congregaron
para presenciar la presentación de la única banda
de su generación, que sigue manteniendo su coherencia e
integridad sin haber tranzado sus principios. Su actitud “Do
it Yourself” y su negativa a insertarse dentro del mainstream,
sin dudas que ha rendido sus frutos. No han necesitado publicar
discos “amigables” como sus compañeros de generación
para acercarse a las masas. Su propuesta sigue siendo original
e impredecible, y esto es algo invaluable en estos días
en donde las ideas están prácticamente agotadas.
Su directo es demoledor como pocos actos en estos
días. Es difícil expresar en palabras esa sensación
de goce auditivo, proveniente de numerosos ruidos y poli ritmos
ejecutados al unísono, que invitan a la cadencia, sin que
necesariamente su música sea bailable. Esa cosa abstracta,
que sumada a una promiscuidad musical, los aleja de la ortodoxia
y los sigue posicionando en un sitial privilegiado en el concierto
musical (al menos para la gente que aun cree en el futuro de la
música).
Si se trata de futuro, los californianos The
Skaters, también tienen algo que decir en el asunto.
Su propuesta basada en la caótica repetición de
sonidos, alimentada con el uso de voces que se sobreponen mediante
el uso varios micrófonos y resonadores, crean una sensación
de trance que fácilmente podría ser relacionada
con algún ritual religioso-musical, lo que genera un fuerte
lazo (y quizás fue lo que más me llamo la atención)
con los conceptos del Teathre of Eternal Music. Su música
refleja un momento determinado en el tiempo, como si esta no avanzara
mas allá de la serie de sucesos que van generando una tangible
evolución durante la ejecución de sus composiciones
e improvisaciones.
Si ambas bandas aun suponen ser el futuro de
la música. IUD es la otra cara de la moneda
en la escena neoyorquina. El insípido uso de voces y percusiones
generado por algunos miembros de Gang Gang Dance, se muestra como
un desesperado e inútil intento de jugar con ciertos elementos
que hicieron destacar a su banda madre, aunque esta vez, la falta
de ideas se hace evidente, lo que acelera el bostezo auditivo.
Es probable que este show haya tenido características
históricas. La actual falta de excitación en la
propuesta de las nuevas bandas (y también de sus antecesores),
ha creado un sombrío panorama en el que cada día
resulta más difícil lograr momentos de real excitación.
Grupos como Black Dice y The Skaters, aun siguen mostrando el
camino a seguir (por mas que a muchos les moleste esta afirmación).
Lo esperanzador de todo esto, es que se encuentran amparados por
un público más cercano a un mortal común
y corriente (que a la larga son los protagonistas de la verdadera
escena local), que coincidentemente no se encontraba mirando esa
noche a las bandas de moda que también pasaban por la ciudad.
Un saludable síntoma que ojalá depare tiempos mejores
en el corto plazo.
Iván Daguer.
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