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Ecstatic Peace
Showcase.
Thurston Moore, MV & EE with The Golden
Road, Tall Firs, Religious Knives.
Martes, 8 de Enero de 2008. The Knitting Factory, New York.
Los miembros de Sonic Youth realmente no paran.
Es admirable toda la vitalidad que poseen para estar envueltos
al mismo tiempo, en un sin fin de proyectos, que van desde las
artes visuales, la literatura y bandas paralelas hasta hacerse
cargo de casas discográficas independientes.
Con sus edades, seria fácil sentarse allí a contar
los billetes colectados (en forma merecida) en su ya longeva carrera,
pero la juventud sónica se resiste a aquello y aun creen
en el espíritu del underground. Ecastic Peace es un Sello
fundado por Thurston Moore hace ya una buena cantidad de años,
pero que en el último tiempo ha ido adquiriendo mayor notoriedad
por la continua edición de discos, en los que se rescata
un buen porcentaje de lo mejor que anda circulando por el underground
de los Estados Unidos.
Este showcase suponía ser una ecléctica
muestra de lo que es Ecastatic Peace en estos días, reservando
dos peces gordos para el final de la noche y dos nuevos valores
que tendrían la oportunidad de mostrar su supuesto potencial,
ante una audiencia expectante que abarrotó el lugar del
show (amen del módico precio de la entrada)
Religious Knives da el inicio
de la jornada con una deslavada propuesta psicodélica,
con muchos errores por parte de sus músicos, destacando
un baterista incapaz de llevar los ritmos en forma certera para
lograr la sensación que estaban buscando con su música.
Muchas influencias del kraut alemán (Amon Düül
II) y de la psicodelia sueca, rescatando el lado pastoral de Träd
Gräs Och Stenar y el misticismo de Parson Sound (ambas, en
el fondo son la misma banda pero con leves sutilezas en sus respectivos
periodos. De ahí, que han sido nombradas ambas encarnaciones).
La puntería se levanto con Tall
Firs. Un sólido trío, compuesta por dos
guitarras, y un excelente baterista, quienes mediante el uso de
sus voces, ayudan a matizar su propuesta. Moviéndose en
terrenos que los podrían ubicar en una suerte de rock folk
de inspiración eléctrica, la banda realmente no
plantea nada novedoso en su propuesta, mas allá del excelente
despliegue musical por parte de sus miembros. Lo que sí
es probable, es que en un mediano plazo, el público indie
masivo los cobijara con los brazos abiertos. No cabe duda alguna.
Tienen todos los elementos necesarios para competir con bandas
masivas mucho más mediocres que ellos, aunque solo el tiempo
entregará la respuesta.
Matt Valentine viene metiendo mucho ruido desde
hace ya un buen tiempo. Desde los legendarios días junto
a The Tower Recordings (con quienes facturó un porcentaje
de la música más desafiante y visionaria que se
puede encontrar en los últimos diez años), en los
cuales expandieron los limites del folk y la psicodelia, hasta
sus tiempos actuales, llenos de continuos experimentos sonoros,
ahora junto a Erika Elder y algunos músicos
que son parte de las múltiples encarnaciones que tienen
sus bandas de apoyo -las que incluyen a ilustres como John Molony
(Sunburned Hand of The Man). J. Mascis (Dinosaur Jr,), Samara
Lubelski y Christina Carter, entre otros-.
Esta noche, la banda de turno fue The
Golden Road y la verdad es que se despacharon un gran
show, plagado de excitantes arreglos psicodélicos compuestos
en base a tres guitarras, un bajo y una batería, que parecen
seguir sin problemas los despliegues sonoros de Valentine. Los
que han podido escuchar parte de su discografía (especialmente
sus ensayos con guitarras) saben a lo que me refiero. Una presentación
llena plagada de electricidad y poco folk, pero la verdad es que
todo sonó potente y mágico, como el mejor viaje
psicodélico, sin la necesidad de utilizar drogas.
Habíamos visto a Thurston Moore,
algunos meses atrás en el Club Maxwell’s, en el inicio
del tour de promoción de su correcto disco “Trees
outside the Academy” (Ectastic Peace, 2007). Lo que sucedió
en la Knitting Factory fue mas o menos similar pero con la ausencia
de dos miembros en la banda, que podrían haber conspirado
en la calidad de una presentación que no tuvo puntos bajos.
Lo positivo de haber escuchado a una banda accidentalmente acéfala,
fue el descubrir una serie de arreglos que son parte de las composiciones
del disco y que dan cuenta del trabajo que hubo en el momento
de la creación de las canciones. Y aunque a veces se extrañaba
la segunda guitarra, Moore es lo suficientemente astuto para cubrir
con maestría esa ausencia. Y si de minimalismo se trata,
él es la persona indicada para sacarle provecho a la falta
de recursos.
Tres bises pertenecientes a (“Psychic Hearts”,
2005), en los que si se notó la ausencia del otro guitarrista,
marcaron el final de un muy buen concierto.
Un ecléctico publico que sigue sintiéndose atraído
a Thurston Moore, no solo por la imagen del músico, en
su estatus de figura semi legendaria en su ciudad, sino que también
por esa cosa DIY tan parte de su identidad artística, que
sigue inspirando tanto a contemporáneos como a nuevas generaciones,
las que esta noche sintieron los efectos de una paz estática
que realmente se agradece.
Texto y foto por Iván Daguer.
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