Chris Corsano + La Banda’s. Viernes 9 de Noviembre de 2007. Constitución 61, Santiago.

El atraso de los shows musicales parece ser norma en nuestro país. Como si un acuerdo tácito entre organizadores y público tirara a la basura, desde el comienzo, la hora que se indica en afiches y promoción.

La presentación del escocés Chris Corsano podría haber servido para cambiar este paradigma. De hecho, a la hora de inicio que indicaba la organización, unos pocos ingenuos puntuales nos desengañamos y tuvimos que devolver nuestras pisadas hacia alguna shopería o sitio parecido con la intención de mojar la garganta y darle tiempo al “respetable” para que terminara de escoger la ropa para la noche.

De todas formas, convocado ya gran parte del público cerca de las once de la noche, se anuncia por micrófono que la actuación de Corsano empezará a las doce por “problemas con los vecinos” (más tarde me aclararían que el vecino es el teatro San Ginés). Así que a esperar una hora más. Por supuesto, bebiendo.

La gestión para la venida de Chris Corsano se enmarcó dentro de la gira de Bjork. Es decir, se aprovechó la instancia de que el baterista escocés es parte de la actual gira de la islandesa para armarle una fecha en Santiago. Así que, aparte de Corsano, varias personas del staff de Bjork medio revolucionaron el ambiente en el bar aquella noche. Asimismo, el show sirvió para ver desfilar toda clase de celebridades del rock chileno clase a y clase b. Resumiendo, asistir al concierto del “mejor baterista del mundo” –especie de mito/presentación que sirvió estas semanas de espera para explicarle sobre Corsano al ignorante - se convirtió en obligación, tanto para el curioso, como para el iniciado y el snob.

Despejados estos detalles introductorios inevitables, Corsano se sentó a su batería poco antes de la medianoche. Para los que nos había nos familiarizado con el trabajo del escocés, sabíamos que su solo set es muy relativo en cuanto al resultado. Sin embargo, esta vez escogió interpretar piezas al estilo de su disco “The Young Cricketer” (2006, Hot cars warp); es decir, fragmentos donde desplegó –virtuosismo aparte y, sin duda, idolatrable- toda la gama de timbres, texturas e intensidades a los que se ha dirigido en su camino de exploración. Un comienzo duro y extático al estilo del free jazz sirvió para introducir momentos más calmos y minimalistas (como cuando pone cuerdas a la caja y toca con un arco de violín emulando el sonido de una citara o como cuando utiliza las boquillas de saxo con un cuerpo de goma o plástico) o más tribales u orientales en su rítmica (como lo hace en la segunda pieza de “The Radiant Mirror” (Textile, 2007), su reciente disco con el guitarrista Michael Flower).

Por una parte, características ajenas al artista no me permitieron entrar de lleno en la propuesta (público amontonado, conversaciones distractivas, etc) que, además -como consignamos-, no fue un viaje largo, sino pequeños pasajes demostrativos. Por otra parte, a Corsano se le vio un poco frío y apurado, dándome la impresión, a ratos, que esto no era más que un trámite. En este sentido, extrañé un Corsano más espiritual y compenetrado, antes que frío y milimétrico, pero no se puede esperar total éxtasis sin la compañía de un veterano del saxo como Paul Flaherty o de un guitarra como Flower, por ejemplo.

Tras la presentación, me queda la duda sobre el grado de cercanía que sentirá Corsano con respecto al free jazz “clásico”, si se considera parte de esa tradición y de cómo integra los elementos más experimentales a esta tradición. No obstante, es indudable que hay elementos freejazzeros inherentes a su propuesta, pero la duda va más por el lado ideológico, porque bateristas virtuosos hay muchos, “mercenarios” de sesión ídem, pero la trascendencia, a mi parecer, radica en la motivación y el espíritu que contiene el solo de batería, en como se agrega contenido a la forma tan divina de ejecutar el instrumento.
De todas maneras, un manjar para bateristas y no bateristas, para curiosos e iniciados y, ojalá un precedente para la visita de otros músicos de esta línea.

Tras Corsano, se ubican en el escenario una turba de personas que incluyen hasta un místico percusionista cuasi-gurú sesentero. La Banda’s, colectivo de vocación sicodélica que funciona en forma más estable desde el año pasado, echó a andar en pocos segundos una jam más o menos estructurada donde se iban improvisando progresiones. Muy en la línea del rock espacial –de hecho, formalmente actúan como banda de rock- avanzaron por caminos repetitivos que recordaron viejas y no tan viejas glorias de la sicodelia, con dos guitarristas que destacaron por sobre los demás -3 tecladistas, bajista, batero y percusionista- al posicionarse con unos solos de gran calidad de ejecución y pureza de sonido (¡ese amplificador!).

Buenos momentos colectivos, aunque a ratos segregados en espíritu, hicieron de su set –un viaje largo y sin pausa- un notable ejercicio de rock espacial, donde las buenas ideas no escasean, pero que aún debieran pulirse para alcanzar un grado de originalidad e identidad más claro. Quizás tenga que ver con el afán colectivo, con la rotación de músicos o, decididamente, con las metas del grupo, pero una profundización y mejor expresión de su idea motor puede traer resultados muy positivos para La Banda’s. Aún así, un ejercicio de viaje espacial casi inédito en esta línea en Chile, hace del grupo un nombre a tener bien en cuenta para quienes gustan de flotar a través de capas de ruidos y atmósferas repetitivas.

Una noche musicalmente muy estimulante, muy regada y de lluvia veraniega siempre hace bien. Esperemos se repita pronto. Por la salud de todos quienes volvemos a respirar luego de un buen concierto.

 

Cristóbal Cornejo


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