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Valparaíso por estos días está con
un clima extraño. No sé pero estas últimas
semanas se ha dejado sentir un frío intenso que ha
hecho espantar a los porteños de su habitual rutina
de fin de semana, sobre todo este último que fue
largo. La helada noche del sábado pasado fue lánguido,
de calles solitarias y bares semivacíos, que se contrasta
con mucho con el paisaje nocturno habitual de la ciudad.
Lo sé, yo también me hubiera
quedado en mi casa, sintiendo el sofocante calor frente
a una chimenea, bebiendo un buen vino y escuchando una agradable
música mientras afuera, las personas tratan de engullirse
y escapar de ese vaho helado y truculento aire que los persigue;
las observo por mi ventana y me río de ellas, burlesca
y cruelmente, disfrutando en mis aposentos.
Pero esto también me enceguece.
No entiendo eso de estar encerrado entre cuatro paredes,
cuando afuera está pasando algo, que me está
llamando. Por eso decidí desafiar a la temperatura;
polerón, chaqueta, guantes, gorro, etcétera,
listo y preparado para dar la pelea. A primera vista,no
había algo atrayente, pero me llama la atención
esa silenciosa red de colaboración que se está
tejiendo en el Bar La Tertulia.
Digo red, a toda esa gama de eventos que
se ofrece en forma silenciosa, sin meter mucho ruido a un
grupo de personas que busca algo nuevo y diferente por acá.
Sobre todo se trata de proyectos musicales que están
dando que hablar o en pos de hacerlo. La novedad de todo
esto, es la idea de intimidad que se produjo en el pequeño
escenario del lugar, donde un artista o un proyecto con
ganas y esfuerzo, muestra todo un repertorio, diría
casi para los amigos.
Eso es lo que ocurrió este día
con ESDLCP (El sueño de la casa propia) y A. Solar
y Niño Invento, dos propuestas latentes y con deseos
de demostrar su potencial al público que realmente
lo necesita. El lugar, entre la luz de las velas y el claroscuro
de la iluminación, era presenciado en su gran mayoría
por camaradas e invitados quienes repartían una confianza
y tranquilidad a todo el entorno.
Casa propia o José Cerda, mostró
piezas de su trabajo elegante propuesta; electrónica
de diminutas piezas que se posaba sobre guitarras acústicas
desfragmentadas y se llenaba de la mejor esencia de otras
composiciones. Escondido tras esas mezclas y esos quiebres
melódicos y visionarios, ESDLCP, se ha trasformado
en uno de los proyectos más interesantes del último
tiempo salidos de esta zona.
Luego A. Solar junto a la compañía
de Niño Invento (Andrés Acevedo), se pasearon
entre la experiencia revival folk de características
solitarias. Aunque el acompañamiento básico
de Niño Invento de coros, melódicas y platillos,
el sonido seguía siendo austero. La principal explotación
venía siendo sin duda la voz absorbente y de efectos
narcóticos de Solar, un torrente de gritos que se
condensaban perfectamente con la acústica de su guitarra.
Cuando subieron sus invitados la cosa cambió. Una
banda de proporciones se estaba escuchando; xilófono
y acordeón se sentía como el acompañamiento
que hacía falta. Por fin se estaba gestando la verdadera
unión que hacía falta ahí adelante;
ese derroche de talento ahí adelante era el clímax
que hacía falta y abajo eso se trasmitía en
vítores, gritos y muchos aplausos.
Pero la jornada terminaba. Rápidamente
todos desaparecen y el lugar queda vacío. Tengo la
extraña sensación de que esto no ha terminado
sino que recién comienza; acabo de presenciar a dos
propuestas que sin duda darán que en algún
tiempo más darán que hablar. Por eso el frío
de vuelta a casa se transforma sólo en una anécdota;
la ansiedad de escuchar el nuevo disco recién comprado
a uno de ellos me espera.
Texto y Foro
por Oscar Martínez.
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