| Resultaba
curioso ver como se las arreglarían los Raveonettes
para salir airosos con un set mas “intimo” y
con un limite musical auto impuesto, usando guitarras, un
bajo y un par de tambores. La respuesta: un show contundente,
lleno de electricidad, reverberación a mil y que
en muchos momentos, pudo lograr esa tan deliciosa redención
sónica que generalmente marca la diferencia entre
las bandas, un show del montón y uno de esos que
pasa rápidamente al olvido.
Los sonidos de la guitarra evocaban de
inmediato a gentuza como The Cramps o Link Wray, solo por
nombrar un sin fin de artistas con los que los daneses podrían
ser comparados pero afortunadamente, la cosa no se queda
ahí. Se esfuerzan por pagar tributo a sus nobles
influencias y una prueba fehaciente de aquello, fueron las
versiones de bandas como Sonic Youth y The Gun Club (que
ejecutaron esa noche), las que más allá del
hecho anecdótico, sirven también como referentes
para comprender el sonido de The Raveonettes, en donde no
todo es revisitación, sino que hay un interesante
filtro que se aprecia claramente en su música.
Por otro lado, toda esa idea de urgencia
se vio reflejada en el concierto. Versiones desprovistas
de un gran aparataje técnico y solo confiados en
el poder de sus guitarras, sus voces y sus guiños
a los 50s y 60’s, en donde todo sonaba reverberado
a full.
Hay un dominio cabal de todas sus influencias, las cuales
son manejadas eficazmente por la banda. Desde el minimalismo
de la Velvet Underground hasta algunas bandas independientes
de los 80’s que jugaron con toda la idea de caos sonoro
que (generalmente) coquetea con la psicodelia.
Daba la impresión que la banda dejaba
ver su estado mas intimo y puro, simulando sesiones compositivas,
sobre la base de un par de guitarras y algunos efectos,
con los que realmente no necesitan de mucho mas para que
la cosa prenda. Quizás no logran el incendio pero
hay una llamita viva que definitivamente esta allí,
esperando a que en cualquier momento reciba el combustible
necesario para arrasar con todo.
Texto: Iván
Daguer.
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