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El noise sigue gozando de muy buena salud. Prueba fehaciente
de aquello son los dos llenos totales en Tonic para el No
Fun End of the Winter Destruction (con Thurston Moore, Carlos
Giffoni, Burning Star Core, Hototogisu y Prurient, entre
otras luminarias) y las 600 personas que abarrotaron un
loft en East Williamsburg para ver a Lightning Bolt, sin
ningún tipo de publicidad en las Revistas y Diarios
que usualmente echamos mano para enterarnos de lo que esta
pasando en la ciudad.
Thurston Moore (Sonic Youth) afirmó
alguna vez que el Noise venia a ser en esta década,
lo que fue el punk en los 70’s y 80’s: Una escena
que sé auto alimentaba de su público, y que
incluía una activa participación de este en
la creación de sellos y prensa independiente, lo
cual ayudó en gran medida a generar una guía
sonora para el auditor avezado.
Con la masificación de la escena
“independiente” (Solo basta ver a The Arcade
Fire en el número 2 de la lista de Billboard), el
exceso de información (vía Internet) mas un
público complaciente y dispuesto a recibir lo que
sea (así como los metaleros, que ahora idolatran
a los inofensivos Linkin Park), no se le puede exigir mucho
a una camada de bandas y artistas mediocres.
Por esto mismo, un show como este cobra
valor especial. Una escena verdaderamente retroalimentada,
el Do It Yourself como principal mandamiento y una banda
que ha sabido explorar eficazmente los estrechos limites
del hardcore, para mezclarlo con velocidad, ruido, psicodelia,
una actitud derechamente positiva y altas dosis de humanidad,
de esa que la mayoría de las bandas independientes
nunca han tenido.
La búsqueda musical de las figuras
de esta generación, ha traído como consecuencia
el rescate y (a la vez) bendición de oscuros (y no
tanto) artistas olvidados ahí por décadas.
Desde Vashti Bunyam hasta Trad Gras Och Stenar y también
de gente como Anthony Braxton (quien editó un discazo
junto a Wolf Eyes), Steve Reid (el experimento junto a Four
Tet, paso a ser un proyecto estable) y ahora Sun Ra Akestra
junto a Lightning Bolt. Esto ya no pasa del hecho anecdótico.
Los abuelos vieron algo en sus modernos nietos y es hora
de echarle para adelante para abrir el futuro, sin importar
lo que vaya a resultar con esto.
Y la gente entiende que esta en presencia
de algo importante. Porque más allá de pasarlo
bien y disfrutar con esa bola mágica y emocionante
de sonido (generada por una batería, un bajo y una
voz filtrada por un micrófono de cuarta), hay conciencia
que es aquí donde realmente se están escribiendo
capítulos importantes en la historia del rock, independiente
que detrás de todo esto haya una idea absolutamente
romántica de por medio.
Texto y
Fotos: Ivan Daguer.
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