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New Weird Americana se ha ido decantando con el paso del
tiempo. Hay aristas (de este poco ortodoxo conglomerado
de bandas), que ya dieron todo lo que tenían que
dar (en el caso del free folk), mientras que otras propuestas
continúan trabajando al limite de sus posibilidades,
con un futuro incierto, pero que esta mas cerca de seguir
entregando satisfacciones en vez de sucumbir como un ave
fénix.
Cada vez que hay la oportunidad de ver
a los Excepter, surgen los mismos cuestionamientos, a medida
que se desarrolla su actuación. Nadie pone en duda
su exitosa búsqueda de sonido, la cual les ha brindado
un cierto reconocimiento mediático que no se traduce
en un goce auditivo a la hora de escuchar sus discos. Paradójicamente,
ese gran despliegue de recursos (principalmente electrónicos)
rápidamente termina desembocando en una cosa plana
y carente de excitación. Por mucho que hayan incluido
(para esta actuación, al menos) a un par de chicas
que aportaron, voces y vientos, la cosa como que no cuaja.
Sightings levanta la puntería
con un potente show, que fácilmente podría
ser una versión de cualquier acto no wave de fines
de los 70’s. El tiempo no pasa en vano y se nota que
su propuesta ha sido pasada por algunos filtros que difícilmente
podrían hacer citar aquella comparación. Porque
si bien, el trío, con una base rockera convencional
(guitarra, batería, bajo), se las arregla para hacer
un trabajo absolutamente convincente, lleno de disonancias,
tensión y un excelente manejo de climas (y de sus
instrumentos), que les permite mantener una coherencia absoluta
de principio a fin.
Si referentes más próximos
de esta generación de bandas (solo basta citar a
Sonic Youth) hacen gala de este domino musical, acá
la cosa parece haber sido aprendida al pie de la letra,
en pos de una búsqueda de sonido que a diferencia
de sus colegas que abrieron el concierto, suena mucho mas
fresca y excitante. Quizás tenga mucho que ver esa
formación rockera convencional. Cero máquinas
extrañas y una convicción total de que aun
se puede ser original solo tocando con instrumentos convencionales.
Y hablando de instintos rockeros. La muralla
de amplificadores que siempre adornan los shows de Black
Dice, podría hacerlos pasar fácilmente
como una banda de heavy metal ávida de romper tímpanos.
Mas allá de este detalle, la actitud rockera (Que
supone ser sinónimo de riesgo y compromiso) sigue
siempre presente en el despliegue sonoro de la banda. La
compleja amalgama de sonidos y poli ritmos (que son su sello
de fábrica) desplegados por el trío, la verdad
es que dan para mucho: En un momento en el que todo parece
ser free jazz, súbitamente muta a una cosa cadenciosa
que coquetee peligrosamente con el baile, para luego pasar
al noise. Y claro, todo sazonado con altísimas dosis
de psicodelia, hace que este sea en la actualidad, un producto
único en su especie.
Su música es tan efectiva tanto
en sus discos, así como en sus presentaciones en
vivo, en las cuales pueden reproducir sin problemas, las
complejas estructuras que son parte de su deliciosa propuesta.
Esa cosa positivista de su oferta, también se ve
reflejada en vivo: gran parte de la audiencia, bailando
al “ritmo” de su música.
Es bueno tomarle el pulso a ciertas tendencias
protagonistas de esta década y ver que por ahora,
siguen gozando de buena salud. Cada día se van estrechando
los pocos márgenes creativos existentes, y otorga
un dejo de esperanza el saber que entes revolucionarios
como Black Dice, aun nos pueden seguir llenado de goce auditivo.
Texto: Iván
Daguer.
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