Lvna in Caelo

Javiera Mena. Miércoles 4 de Octubre, Centro Mori, Santiago.

 

Según la información entregada desde el sello Quemasucabeza, la cita de las 20 hrs era para prensa. No puedo negar haber sentido una extraña sensación con la noticia. Luego caí en cuenta de que no seríamos ni veinte o treinta “colegas”, sino un centenar de personas que, por diversos motivos, se habían hecho de alguna de las numerosas entradas que el sello había dispuesto para concursos, radios, webs, etc. Volví a sentirme cómodo; más aún, cuando escuché a algún asistente afirmar su completo desconocimiento de los temas de la artista a la que hoy venía a ver. Así, entre un numeroso público que incluía fans acérrimos, parientes, “colegas músicos”, curiosos onderos, y, por supuesto, periodistas, reporteros y gráficos, se iniciaba la primera sesión de lanzamiento en Chile del disco de Javiera Mena, “Esquemas Juveniles”, nueva apuesta del sello de Santis y Roblero para la presente temporada.

Tras exhibir el “making off” del primer video clip del disco, que promociona el tema que le da el título, constatamos el alto nivel de producción y equipo técnico tras la Mena. Sin embargo, como la tecnología no es totalmente fiable, una mala jugada hizo que el clip propiamente tal se saltara desde la introducción hasta pasada la mitad, por lo que sólo apreciamos un cuarto del resultado final. Mala broma que no llegó a convertirse en un aviso de lo que sería la noche.

En este clima casi familiar, entonces, Diego Morales y Cristián Schmidt salen a escena y se alinean frente a los teclados para armar los sonidos que construye la canción “Al siguiente nivel”, aspirante a himno generacional para-no-se-qué generación. La Mena se percibe un poco nerviosa - su voz tiembla al finalizar los versos- , totalmente dedicada al micrófono, viste enteramente de blanco –en combinación con el arte del disco- lo que le da un carácter entre angelical y de sex symbol sofisticada, un peinado a-lo-Carpenters que la hace verse mayor de los 23 años que tiene, y que confirma la preocupación global que pone Mena y el equipo que la respalda por el producto. Asimismo, se nota que la banda que la acompaña –a la que se suma Gepe en la batería al segundo tema- está más compacta y que la destreza en los teclados y las armonías vocales que han desarrollado, van en total favor de una Mena a la que siempre le ha pesado lograr en vivo el mismo resultado vocal que en las grabaciones.

Los temas del disco se suceden rápido; no suena ninguno de esa primera etapa de guitarra acústica y voz. Javiera Mena va soltándose sobre el escenario. Suena “Sol de Invierno” y un tipo a mi lado no puede evitar cantar cuando a Gepe es imposible escucharlo por una falla del micrófono que tiene en la batería. En “Está en tus manos” vuelve a parecer una niña, caminando desde un rincón del escenario, al lado del teclado, hasta el centro de éste, como envalentonándose para decirle “eso” a “alguien”, para cantarle de frente la delicada letra de la canción. Sin embargo, a ella le falta ese toque magnético que tiene, por ejemplo, su compañero Daniel Riveros, en los momentos más silenciosos. La canción finaliza y “alguien” de la primera le entrega una flor.

A pesar de ese inmaduro magnetismo al que hacía referencia, a Javiera Mena se le percibe como una joven autosuficiente, de composiciones perfectas, y con una extrema sensibilidad para hacer del pop algo elegante y natural. El bis no se hace esperar y el cover de Daniela Romo, “Sólo te pido la luna”, suena fresco en su voz. Y justamente es en sus poses canónicamente poperas donde comprendemos que la Mena se ha formado entre la radio y la Internet y que quizás se encontró (con) un manual sobre como hacer del pop una experiencia sabrosamente digerible. Y sea o no sea así, no podría ser de otra manera.

 

Cristóbal Cornejo.