| Según
la información entregada desde el sello Quemasucabeza,
la cita de las 20 hrs era para prensa. No puedo negar haber
sentido una extraña sensación con la noticia.
Luego caí en cuenta de que no seríamos ni
veinte o treinta “colegas”, sino un centenar
de personas que, por diversos motivos, se habían
hecho de alguna de las numerosas entradas que el sello había
dispuesto para concursos, radios, webs, etc. Volví
a sentirme cómodo; más aún, cuando
escuché a algún asistente afirmar su completo
desconocimiento de los temas de la artista a la que hoy
venía a ver. Así, entre un numeroso público
que incluía fans acérrimos, parientes, “colegas
músicos”, curiosos onderos, y, por supuesto,
periodistas, reporteros y gráficos, se iniciaba la
primera sesión de lanzamiento en Chile del disco
de Javiera Mena, “Esquemas Juveniles”, nueva
apuesta del sello de Santis y Roblero para la presente temporada.
Tras exhibir el “making off”
del primer video clip del disco, que promociona el tema
que le da el título, constatamos el alto nivel de
producción y equipo técnico tras la Mena.
Sin embargo, como la tecnología no es totalmente
fiable, una mala jugada hizo que el clip propiamente tal
se saltara desde la introducción hasta pasada la
mitad, por lo que sólo apreciamos un cuarto del resultado
final. Mala broma que no llegó a convertirse en un
aviso de lo que sería la noche.
En este clima casi familiar, entonces,
Diego Morales y Cristián Schmidt salen a escena y
se alinean frente a los teclados para armar los sonidos
que construye la canción “Al siguiente nivel”,
aspirante a himno generacional para-no-se-qué generación.
La Mena se percibe un poco nerviosa - su voz tiembla al
finalizar los versos- , totalmente dedicada al micrófono,
viste enteramente de blanco –en combinación
con el arte del disco- lo que le da un carácter entre
angelical y de sex symbol sofisticada, un peinado a-lo-Carpenters
que la hace verse mayor de los 23 años que tiene,
y que confirma la preocupación global que pone Mena
y el equipo que la respalda por el producto. Asimismo, se
nota que la banda que la acompaña –a la que
se suma Gepe en la batería al segundo tema- está
más compacta y que la destreza en los teclados y
las armonías vocales que han desarrollado, van en
total favor de una Mena a la que siempre le ha pesado lograr
en vivo el mismo resultado vocal que en las grabaciones.
Los temas del disco se suceden rápido;
no suena ninguno de esa primera etapa de guitarra acústica
y voz. Javiera Mena va soltándose sobre el escenario.
Suena “Sol de Invierno” y un tipo a mi lado
no puede evitar cantar cuando a Gepe es imposible escucharlo
por una falla del micrófono que tiene en la batería.
En “Está en tus manos” vuelve a parecer
una niña, caminando desde un rincón del escenario,
al lado del teclado, hasta el centro de éste, como
envalentonándose para decirle “eso” a
“alguien”, para cantarle de frente la delicada
letra de la canción. Sin embargo, a ella le falta
ese toque magnético que tiene, por ejemplo, su compañero
Daniel Riveros, en los momentos más silenciosos.
La canción finaliza y “alguien” de la
primera le entrega una flor.
A pesar de ese inmaduro magnetismo al que
hacía referencia, a Javiera Mena se le percibe como
una joven autosuficiente, de composiciones perfectas, y
con una extrema sensibilidad para hacer del pop algo elegante
y natural. El bis no se hace esperar y el cover de Daniela
Romo, “Sólo te pido la luna”, suena fresco
en su voz. Y justamente es en sus poses canónicamente
poperas donde comprendemos que la Mena se ha formado entre
la radio y la Internet y que quizás se encontró
(con) un manual sobre como hacer del pop una experiencia
sabrosamente digerible. Y sea o no sea así, no podría
ser de otra manera.
Cristóbal
Cornejo.
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