| Habría
que comenzar este comentario teniendo en cuenta que, como
buena celebración de aniversario, las condiciones,
ánimos, estados y energías que vienen de parte
de los músicos y del público modifica, indudablemente,
el resultado del concierto. Y no es que esté poniendo
el parche antes de la herida, pero habría que ser
muy ciego, descriteriado e injusto para no modificar el
propio lente crítico al escribir sobre un grupo en
plena “celebración de cumpleaños”;
festejo azuzado desde la propia banda y de los numerosos
fans y amigos que se han hecho partícipes de el.
Porque, sin duda, cuando en el año
2000, The Ganjas hacía aparición con sus primeras
reuniones y luego con sus primeras presentaciones, las condiciones
del “rock chileno” eran bastante distintas,
al menos en cuanto a difusión, prensa “especializada”,
público y ventas. Por esta razón, que una
banda pueda celebrar cinco años, tres discos y un
split con los argentinos The Jacqueline Trash, una fantástica
presentación en el festival colombiano “Rock
al Parque” y numerosos conciertos locales con amplio
numero de audiencia, no es menor, independiente a la calidad,
originalidad y discurso de la banda en cuestión.
Así fue como la noche del jueves,
El Living albergaría a más de un centenar
de personas que llenaron el pequeño lugar donde se
ha venido realizando hace ya casi dos meses el ciclo del
sello Algo Records. Poco pasado de la medianoche entraba
al escenario el repuesto cuarteto (con Astaburuaga de la
banda hermana Camión operando la segunda guitarra,
rica en matices y densidad para rellenar el espacio dejado
por el teclado de Luis Felipe Saavedra) para con “Here
comes from the Sun” dar inicio al concierto. Mucho
público y harta ganja tienden siempre a ritualizar
las tocatas del grupo.
El calor, por su parte, lleva a eliminar
prendas desde el cuerpo y en hacer del sudor una pieza táctil
inevitable. Suceden, así, entre la energía
concentrada en la audiencia y el humo que eleva las ideas,
“Mind Rain”, “Cure”, “Dancehall”
y “Moonlight Cat” (ambas últimas con
el teclado de Saavedra aportando a la atmósfera y
a los delays del dub orgánico que practican a ratos).
Pasan, también, nuevas canciones, unas más
pesadas (casi stoner), otras con un sabor mancuniano innegable
y otras más oscuras en su clasicismo como “Smokin’
Louise”. A la presencia de Saavedra en los teclados
se agrega en canciones la clásica compañía
de Alvaro Gómez (“This is the time”,
“Let’s go to the beach”) en las congas
y percusiones y algún otro amigo o fan agradecido
que se rotan constantemente para -y por- el groove (maracas,
panderos, etc). Vale destacar el perfecto sonido, de bajos
muy profundos y guitarras densas y/o volátiles, a
volumen justo, bien alto, y el trabajo minucioso de efectos
vocales para los temas más etéreos (el fraseo
de Maquieira a ratos se desintegra con elegancia) o las
cadencias dub.
Casi al final del concierto se agrega
a la lista de invitados una de las más clásicas
en la formación de la banda, “Comegato”
de Electrozombies, quien con un nuevo look muy Cavalera
se hace cargo de una metalera guitarra en la versión
oldie de “The Darkside”. Un tributo, regalo,
festejo, tanto para fans como para los músicos. Tras
dos horas de mantra y sudor, la banda se despacha “El
Rock de la Ganja”. Nosotros, cansados y sedientos,
les perdonamos que incluso desafinen y que esto ya parezca
concierto de amigotes. El mejor regalo, recíproco.
Texto: Cristóbal
Cornejo.
Foto Archivo: Alvaro Daguer.
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