The Magik Markers + Mothus. Sábado, 5 de agosto de 2006, The Hook, New York.

El noise americano goza de muy Buena salud. La primera explosión de bandas, logró fácilmente ganarse un espacio en el underground, luego de la pobre cosecha creativa de esta década. Y para desgracia de muchos, ya se divisa claramente una nueva camada de agrupaciones, que más encima, tiene mucho para aportar.

The Hook, es una hermosa sala de conciertos que poco a poco se ha ido convirtiendo en la meca del noise neoyorquino. Alojado en una zona poco concurrida de Brooklyn y lejos de la luminaria del muy en voga Williamsburg, este confortable recinto es el terreno ideal para que las descargas a altos decibeles hagan de las suyas en una atmósfera propicia.

El set de Mouthus comenzó muy desordenado. Daba la impresión que la batería y la feroz guitarra (que son los elementos utilizados por el dúo) que complementaba el sonido, no podían lograr conexión alguna. Pero súbitamente lograron enganchar y a partir de allí los resultados fueron devastadores. Una guitarra que crecía en intensidad a la par que la percusión, logrando excelentes momentos muy cercanos a una idea de free jazz, pero en vez de un saxo, una guitarra pasada por 8989 filtros era la protagonista. Una voz reverberada al máximo, ayudaba a diversificar un poco la bola sonora (que a esas alturas hacia retumbar las tripas) y también generaba una suerte de pausa, antes de que la descarga cambiara de intensidad. Excelente.

Que Thurston Moore (Sonic Youth) se haya fijado en ellos y los tenga bajo su corral, no es casualidad. The Magik Markers logran un estado de tensión en su música que es realmente notable. Trasunta un espíritu de urgencia y eficacia, propio del mismo Sonic Youth en su etapa ochentera (al momento de recordar los pasajes más in-tensos de su música”. En un dos por tres, la atmósfera se enrarece y se produce ese mismo clima que logran manejar magistralemente en sus discos, no solo de manera musical, sino que también en la parte visual, tal como lo ilustra el excepcional arte del disco “I Trust my Guitar, Etc.” (Ecstatic Peace, 2005). La potente base de batería-guitarra, se ve empujada por la siempre al límite voz de Elisa Ambrogio, quien a diferencia de muchas de sus colegas, no utiliza el grito desquiciado como herramienta sonora. De que la chica grita, grita; Y lo hace como si la estuviesen matando, pero hay una sensación mucho más humana (por llamarlo de algún modo) cuando utiliza su voz. Es probable que el hecho de que lo que sale de sus cuerdas vocales, sea la mayoría de las veces entendible, le da una cosa especial a su propuesta, amen de una expresión corporal ad-hoc con lo que sale por los parlantes y amplificadores.

Ambas bandas redonderaron una excelente velada (la que también incluyó a un nuevo proyecto de Carlos Giffoni, que la verdad no aportó en demasia a la velada), que reafirma las bondades de una nueva generación de grupos que definitivamente no se han aprovechado de toda esta euforia ruidística que sacude al mundo. Por el contrario, lo suyo es contundente y sólido y solo queda aguardar a que pronto vuelvan para repetirse el plato, total, un poquito de noise no le viene mal a nadie.

 

Iván Daguer.