Supercabron + Umbriankalafate. Viernes, 25 de agosto de 2006. Ruka Bar, Concepción.

 

Los calafates del puerto

Suena la guitarra, se pausa sobre su eco y vuelve con insistencia. A su vez, el bajo marca lento el viaje desenmascarado de la música, guíada a lo lejos por una batería calculada, un vaivén de armonías. Es Umbríankalafate, la banda del cerro que contamina de frescura la noche penquista desde el emergente Ruka Bar. Esta banda, como todo combo folclórico, se muestra a lo lejos como una cofradía, el calor de la hermandad se intuye desde que la luz comienza a desaparecer del escenario. Señores, esto es el nuevo psicofolclor chileno.

En la calle se manejan con otros nombres, quizá más comunes y distantes, pero en la banda, es la Pax (Carolina Pax Mercadal, bajo), Peluk (Pablo Montalva, batería) y Nara (Cristián Bustamante, guitarra) quienes fluyen en la música, danzan en el aire. Todo es un fuego en el viento, un sonido que se cola por tus oídos en forma de río. La agrupación se encuentra en plena promoción de su disco “Psicofolclor”, una placa que recupera todo lo que puede desparramar una fusión de música de raíz, como la cueca o el huayno con lo más evolucionado del rock. Mucho se acostumbra a afirmar que dos más dos son tres, en este caso es todo un acierto. La fusión, la jugada interpretación de canciones enraizadas en nuestro folclor con instrumentos excéntricos le dan a la sala un aura de sana envoltura musical, delicada y transparente, de la que el encanto es cómplice del escape. “Psicofolclor” es una prueba de ello. Siete cortes ensamblados en un envoltorio único, de modo que cada disco es una joya y cada corte un descubrimiento.

Existen varias conexiones dentro de un propio show, la danza y el escaso canto le otorgan a esta música una orientación teatral que influye a la hora de manejar conceptos, algo más atrevido que incluso los nombres de sus canciones –“Ostiones al pil pil”, entre varias composiciones grastronómicas- o el sentido de un compás a veces regulado por sus versos a un quiebre sin explicación. Vale destacar también la inclusión de Omar Fortín y la belleza infinita del guitarrón chileno. Es una ronda, un sinfín de novedades que a cada paso alegres sorprenden a una disparada asistencia. El escenario suda y los parados bailan, aquellos en sus sillas mueven sin parar sus pies. Tomados por asalto, las reseñas de Jaivas desaparecen en un rock matemático, inquieto y envolvente. Una, dos, hasta tres veces es necesario pedir una nueva canción.

Un poco más tarde ya es la costumbre del grupo local comenzar fuerte y ver en la marcha cómo avanza. De la acogida hogareña e íntima de Umbriankalafate pasamos al rock más voluminoso de Supercabrón, una agrupación que ya se acomoda sobre un sonido prematuramente potente, demasiado rápido para quienes aún no despertaban del regazo porteño. Perillas a cien y desorden que se funde con los matices mas oscuros que en vivo muestra la placa homónima de la banda y todo vuelve a cero, recomenzar en medio de la más certera inyección de rock que hoy mantiene al gran Concepción sumergido en su propia noche. Termina el set y tan rápido como llegan, la banda y el público se pierden en la neblina más intrépida del invierno primaveral sureño. La noche de los calafates color palta con instrumentos del hombre lobo.

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Kaco San Cristóbal.