Billy Corgan
The future embrace
Reprise (2005)




El 21 de junio, la prensa apuntó el regreso de un extraño camaleón del rock alternativo. Billy Corgan volvía en gloria y majestad con doce tracks. Pero también, paralelamente, los diarios de su ciudad, Chicago, gritaron a todo color su frase para el bronce: “quiero que vuelva mi banda, mis canciones y mis sueños" (*). Rápidamente la noticia hizo eco por dos. Resucitarían los Smashing Pumpkins. Vendrían a cerrar de una vez por todas su oscura historia de éxito y declive. Y aunque esté presente el antifaz de estrategia comercial, está claro que de volver lo harían a su época “Adore”, lejos de “Mellon collie & the infinite sadness”, a propósito el disco más vendido de la banda, sino el mejor.

Pero no nos precipitemos. El chiste es que Billy Corgan regresa. Y el hecho en cuestión es “The future embrace”, su nueva placa de solista, donde por fin nos muestra íntegramente su rol dentro de los proyectos musicales que ha sido parte: ese billycentrismo que hace girar todo en torno al calvo y nasal instrumentista/vocalista. Del viejo secreto a voces de que en los SP lo era todo, pasamos a un extraño escalón (plano y desechable) cuando formó Zwan, donde obviamente su genio se apoderó del colectivo pero no se anotó entre lo mejor de aquella temporada.

Hoy las cosas están distintas. Pintan para mejor. Y es que Billy Corgan está en una búsqueda constante. Juega con la vanguardia pero es extremadamente cuidadoso de conservar esa atmósfera dark y glam de su música. Desde “Adore” que viene trabajando con Bjorn Thorsrud en las perillas. En “The future embrace” se integran además, Bon Harris, un genio de los sintetizadores y que también es conocido por su banda Nitzer Ebb. Y en los instrumentos, además de Harris, aportan lo suyo Brian Liesegang y Matt Walter, ambos de los mediocres Filter que alguna vez sonaron en un lejano tour del festival Family Values.

Cierran las colaboraciones el único aliado sobreviviente de la época SP, Jimmy Chamberlin, que imprime su sello en el corte “DIA”, y Robert Smith (The Cure) que ayuda en el interesante remake del tema de los Bee Gees, “tolovesomebody”.

Todas las cosas cambian

Muchos de los que crecimos con Corgan al mando de los SP, entendimos que no pudo con el trono que le heredó Cobain al morir. Y aunque no fue un cambio radical, el proceso de caída-libre vino inminente y casi irremediable. Muchos ponemos el RIP de los SP en el año 1998, quizá en parte porque la experimentación de su líder los llevó a un divorcio radical con el rock lisérgico que profesaban fieles desde, por ejemplo, su debut “Gish” (1991), o del mismo “Siamese dream” (1993).

Es difícil augurar noticias del futuro de Corgan. Y aunque lo central debe ser esta nueva placa, sería cínico desentendernos. También sería erróneo no comentar que Corgan publicó el año pasado un libro de poesía naíf y directa, “Blinking with fits” (ed. Hardcover), que explica un poco los mensajes simples (“nosotros podemos cambiar el mundo”) y casi infantiles (“Pretty, pretty star” es un tema) de este elepé bien introspectivo. Escrito desde el habla. Desde una alma martillada por el rigor del estrellato y todas sus caras.

En lo musical, Corgan sigue vestido y nutrido de lo oscuro. Un vuelco a algunas épocas de Bowie, aunque también rozando el genio de Kevin Shields. “All things change” abre el disco y engancha con la onda actual de Corgan: esa delicada producción electrónica, de melodías elegantes y atinadas, con teclados con zumbidos pronunciados y guitarras pulidas y bajadas de decibeles. “Mina Loy” recuerda la onda SP, aunque el sampler rítmico pone el límite. Su letra es bien descriptiva y refleja cierta paranoia de aquel lado: “Vivo en Chicago y la amo tanto… la amo como si fuera una mujer. Pensé en cómo me sentiría si alguien lanzase una bomba y destruyese este lugar”.

La maquillada “Tolovesomebody” es todo un logro. La guitarra de Smith y su voz en los coros le dan ese aire a balada The Cure por muy cóver que sea. Más adelante está “DIA” que, a propósito de Cobain, como cuenta Billy en su sitio web, cuando Courtney Love estaba de visita en su casa, escuchó este tema y le sugirió incluirlo entre los cortes definitivos. Si hay algo por agradecerle a la ex Hole es esto. “DIA” es uno de los mejores cortes, ingenioso y con una variedad de instrumentos que refrescan a veces el ritmo monótono de la guitarra de Corgan.

Avanzando, aparece el primer single “Walking shade” que tiene un video en sepia que recuerda esa estética “Tonight, tonight”. “Pretty, pretty STAR” está sacada de un jardín infantil pero es efectiva al momento de explicar al Corgan directo y conciso, menos sofisticado quizás. “Strayz” cierra la placa y es el tema más liviano o mediocre del álbum.

“The future embrace” despierta al alguna vez genio Corgan. Que a pesar de todo se mantuvo este tiempo en clubes. Jugando con sus seis cuerdas. Experimentando con sintetizadores. Aprovechándose de su sensibilidad para escribir pasajes airosos cual hit radial. Y hoy, cuando la tendencia indica que lo mejor es buscar para atrás, Billy Corgan suena actual y vanguardista. Bien por Corgan, aunque esperemos sea una transición al regreso en grande. A lo que realmente esperamos todos. Al único engendro musical que queremos lleve su nombre: el regreso de los Smashing Pumpkins.







Alejandro Jofre.

 



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