Ya han pasado más o menos 15 años
desde que Chistian Vogel introdujo su nombre en
el circuito de la electrónica europea. Muchos
lo han hecho, pero pocos son los que logran mantenerse
tanto tiempo y seguir haciendo verdaderos aportes
a un bosque electrónico que a ratos lucha
con histeria para entregar nuevos aires. Vogel es
uno de aquellos que desde la vanguardia y la exploración
–no de nuevos terrenos, sino de nuevas fórmulas-,
consigue con este “Station 55” consolidarse
como uno de los músicos más interesantes
y comprometidos de la electrónica mundial.
Cierto es que Vogel nunca ha seguido los típicos
cánones del techno, pero aun así logra
sorprender que tras años en la escena, aún
tenga la lucidez para entregar un trabajo rico en
matices y sonoridades, pero con un patrón
y una marca en que se reconoce su nombre y concepción
de la música.
Afincado desde hace algunos años en Barcelona,
Vogel ha dado a luz un encargo que mira al futuro
con las alforjas llenas de pasado. Una obra que
pareciera ser la banda sonora de una película
de ciencia ficción inexistente, la musicalización
de una metamorfosis de la que se desconoce el final.
A caballo entre el ambient, la idm y el beat (“Typewriter
of the dead”, The time lock”); con algunas
sonoridades industriales y líneas ácidas
(“1968.Holes”, Somewhere in the waves,
we will found you”), en paseos que van desde
el frío Kraftweriano (“Neon Underground”)
hasta su propia revisión del minimal (“Turno
on, Turn in, drown out”), Vogel bate en la
juguera buenas dosis de actitud (por algo, sus eternos
coqueteos con lo punk) y de minuciosidad técnica
para lograr un sonido particular, en un ejercicio,
que no panaceico, es necesario, entre tanta producción
electrónica mediocre y saltarina.
El disco cuenta con varias colaboraciones vocales,
entre ellas Virus, Merche Blasco y Kevin Blechdom,
a los que el autor ha hecho caminar tanto por la
senda robótica como por la del flow más
libre. Con la profundidad de siempre, Christian
Vogel se despacha un nuevo disco (el último
de su relación con Novamute), en el que cuando
se capta y se entiende la esencia se hace fácil
diferenciar entre los artilugios de plástico
y aquellos auténticos que dan vuelta por
el universo, más allá del electrónico.
Cristóbal
Cornejo.