Ricardo Villalobos
Thé Au Harem d’Archimède
Perlon (2004)



Ya que, como cada verano, contamos con la ilustre visita del Sr. Ricardo Villalobos en nuestro país, la degustación de su nuevo menú, el LP Thé Au Harem d’Archimède, ha sido un plato de lujo para esta temporada tan plagada de fiestocas electrónicas con estrellas, chorizos y precios estratosféricos.
Bombos como en sordina es la típica percusión de Villalobos en Hireklon, tema de nueve minutos que abre el disco, y que da tiempo hasta de incluir una guitarra acústica en el clímax del tema; una guitarra que sobrepuesta parece el arpegio de la maqueta de una canción folk. El motor continúa con los potentes bombos que en Serpentin van dando paso poco a poco a la incursión de otros elementos, tal como en una lasagna, en un in crescendo que da espacio a cada una de las capas sonoras de protagonizar un exquisito instante auditivo.

Las congas aparecen, a modo tribal, en el hilo percutivo atmosférico que consume y ratos se torna, muy personalmente, claustrofóbico en For All Seasons. En un paisaje intermedio se convierte Théorème D’Archimède, que al comienzo se olvida del dancefloor y luego retoma los beats minimalistas tal como si estuviéramos bajo el agua. Chasquidos como de dedos, la espera eterna, para retomar el ritmo en Hello Halo, un tema que fácilmente se mezclaría sin distinción con el clásico LogoHitz. A continuación, los sonidos se tornan más robóticos y espesos con los dos temas Temenarc 2 y 1 (sí, en ese orden), con ruidos repetitivos e hipnóticos y menos orgánicos. Al final del dúo, la espera desenlaza en una espesa capa percutiva que perpetúa el trance con fuerza y energía de microlatigazos o micromartillazos y sonidos de fondo que parecen la comunicación de, si no, robots, máquinas del laboratorio de Dexter.

El comienzo es arrítmico en la octava pieza que es Miami, olvidándose a ratos, definitivamente, del baile, aunque es sus nueve minutos retoma el beat y agrega elementos de percusión más agudos y con momentos finales que dan la impresión de que podría haber cualquier percusionista de Miami con sus timbaletas, bongoes y cencerros improvisando su talento sobre el tema. Para finalizar, la sentencia True to Myself, que en sus quince minutos tiene una voz femenina insistiendo sobre una o dos frases en un coro medio soul al comienzo y alcanzando el climax alrededor de los 4 minutos cuando se acentúa el ritmo con los bombos clásicos, viscerales y mínimos del Villalobos más inspirado registrando su marca.

Si Alcachofa fue un disco “inteligente”, tanto para la pista como para la casa, en Thé Au Harem d’Archimède, encontraremos a un Ricardo Villalobos caprichoso, que juega a hacernos bailar y a hacernos pedir que por favor vuelvan esos beats que se hace imposibles no percutirlos con alguna parte de nuestro cuerpo. Y porque no, nuestra cabeza.






Cristobal Cornejo.

 




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