Recibí este disco en una tocata “no-complaciente”
organizada hace un mes por la facción audioterrorista
(www.audioterrorista.blogspot.com).
Ahí pude conversar con un par de los gestores
de este incipiente sello y comprender que la idea
de “producir involucrándonos, y no
de producir cosas que nos esclavicen” va más
allá de una bandera alzada en el snobismo
amenazante. El nombre del “sello” refleja
con fidelidad el espíritu de sus impulsores
y no es raro que los registros de este compilado
sean desiguales en sonido y en temática,
existiendo una coherencia más bien ideológica
antes que musical.
La afición de Dizzlecciko por las guitarras
es evidente. Con ello conforman los devaneos en
que se mueven ambas canciones aquí publicadas.
Sin embargo, todo se enmarca dentro de una sección
rítmica lúdica y estimulante, pintarrajeada
con unas repeticiones vocales que no hacen más
que confirmar el gusto por un todo redondo. En “Peugeot
del 83”, las cuerdas parecen triplicarse,
aumentando la degustación de armonías
y el paseo de las guitarras por un río de
capas que con un poco de atención descubrimos
como escenario pulcro para el trío de zurdos
en las cuerdas. Así, debería remitir
tanto a Sonic Youth como al post rock menos somnoliento.
“Cortes solo en julio” de Innombrable
es desde el título un juego de palabras que
hace referencia a cierto colega y amigo de la banda.
Sólidos en la base, afilan las guitarras
sin piedad hasta lograr una notable tensión
de power trío (en vivo, se transforman en
un máquina de nudos ciegos) garabateada con
el sonido de una melódica enfermizante. Sin
embargo, el otro corte aquí exhibido, “Víctor
Yankee”, muestra una cara más explícita
sobre otra de las intenciones de esta banda, con
un diálogo (y sonido) bajo-batería
cercano a Big Black –incluso a Ministry-,
que muta en un final cadencioso que invita a mover
la cabeza en la más metalera.
La conjunción de un teclado, una guitarra
y un djembé son los elementos que combinados
dan vida a Neurotransmisor. En “Sitio maldito”
el caos se asemeja a una tormenta donde los soplidos
del viento y los gritos de las víctimas salen
desde el saxo libre de Julio Cortés (Fracaso).
El tema a un minuto del final pareciera exigir calma,
pero es más bien la conversación entre
viento y percusión la que le da a este grupo
un rasgo exótico y demente. “Lluvia
de verano” es, a diferencia de la canción
anterior, más melódica y de una estructura
más clara. Lo profundo de los tonos bajos
del tambor se mezclan con competencia con el sonido
de piano y la guitarra. Quiebres varios, sabor folclórico
y sonidos esquizoides desde las teclas dan a esta
banda un aura de tribu caníbal o asidua a
los tratamientos chamánicos. ¿Noise
tribal, acaso?
Desde la quinta región aparecen dos bandas
en la parte final del compilado. En primer lugar,
Pastoral, con “Fascismo para Principiantes”,
un tema bien rockero, de riffs pesados y con una
forma de cantar burlona que en ciertos momentos
recuerdan a Jello Biafra. Luego, con la canción
“Perikote”, se desplegan sobre una base
rítmica pesada que se acerca al stoner de
la vieja escuela y bajo ese peso especifico su letra
se burla de varios símbolos patrios de manera
vomitiva y graciosa (“Perdón si es
Parra / o es perra/ son lo mismo… ya son manga/,
vocifera enrabiado el cantante).
Más livianos que sus coterráneos
–que no inofensivos- Paraguapléjico
rockea de manera menos intrincada que sus antecesores.
Más cercanos al flujo del motor de una motocicleta
(en “For”) y más apocalípticos
en “Suspendido”, llama la atención
la forma, el sonido que, ya sea por recursos o por
opción, han logrado y que evoca (deficientes)
grabaciones llenas de espíritu D.I.Y. Asimismo,
Paraguapléjico no se queda en la repetición
de tres riff y explora otros ritmos y estructuras
en la parte media y final de esta última
canción. Y perdón, recuerdo con estas
últimas dos bandas, cervezas de litro empinadas
en antros cercanos al puerto de Valparaíso,
madrugadas con orejas resentidas y olor a vino tinto
desde la plaza Echaurren. Un lujo.
Cristóbal Cornejo.
palacagadiscos@gmail.com