De alguna forma, desde Rancagua llega hasta mis
manos esta compilación de cuatro bandas que
están trabajando para levantar las acciones
culturales en la región del Director Supremo.
Sorprende que los estilos venidos desde la sexta
no sean totalmente correspondientes con lo que pasa
en la capital. Aquí hay sonidos industriales,
trip hop, electrónica dura, nada que tenga
que ver con rocanrol o con el noise comunitario.
Es curioso, pensando en el hecho de que en Santiago
son casi nulas las bandas que sean conocidas por
hacer, por ejemplo, trip hop. Lo mismo pasa con
los sonidos industriales, más ligados acá
a la hermética tribu gótica y a los
sonidos militaroides de bandas como Der Blutarsch,
Haus Arafna, Con-Dom, entre otros (revísese
Vintras, Dfour me, Hummus, Ebionita). Así,
esta pequeña muestra del trabajo de bandas
de provincia es un valioso elemento descentralizador
que permite comparar la brecha y las distintas intenciones
de las músicas de fuera de la capital.
Con La Granja de los Animales
me imagino una banda más bien punk que centrada
en la electrónica. Es este nombre el que
abre la compilación, pero La Granja de los
Animales (nombre seguramente tomado del clásico
Orwelliano) tiene más que ver con una electrónica
de sonidos duros, rozando lo industrial. En “Casa
de campo”, una introducción que me
evoca al “ The Garden of Brokeness”
de Basinski o el “The Great gig in the sky”
de Pink Floyd da paso a una percusión que
perfectamente podría ser de Depeche Mode,
pero de fondo se estimula la violencia con tempestades
maquinales y algunos sampleos de voces. El tempo
y el sonido dan para pensar en música incidental
o de menú de dvd –pareciera que las
canciones nunca partieran-, lo que lleva a afirmar
que esta banda está más preocupada
en crear atmósferas que en hacer canciones
propiamente tales. O al menos así les resulta.
Mataría por ella es un caso aparte.
Trip hop de lo más normal. Severamente influenciados
por Tricky en las bases, llevan a cabo un ejercicio
de estilo digno, pero falto de personalidad y despliegue
vocal (a ratos, los tonos y fraseos de la chica
vocalista, se vuelven monótonos). Otro punto
son las bases, que aquí se sienten muy digitales
y carentes de volumen (en el sentido de la dimensión,
de la profundidad), cosa que en ningún case
tiene que ver con un minimalismo declarado, afirmo.
“Mataría” recuerda inmediatamente
a la cantante Dadalú, incluso hasta en la
temática, pero aquí es todo bien introvertido
y de tonos grises. Asimismo, da para pensar que
en el trabajo en vivo de esta banda, deberían
trabajarse todas las canciones con sumo cuidado,
así como la presencia de su cantante. De
lo contrario, debería recomendarse llevar
almohada.
Hipox1a se acerca a los cánones
postindustriales con atmósferas grises que
respiran gases tóxicos. “Tus miedos”
es una pieza casi ambiental, con unas percusiones
que le dan un toque ritual y misterioso que logra
sumergirnos con efectividad. Por el contrario, “No”
tiempo un tempo más bailable, con sampleos
de voces recitando en un idioma difícil de
distinguir, y que recuerda algunos trabajos de Coil.
Aquí, los softwares son tratados con destreza,
dándole profundidad al conjunto de sonidos.
Sin embargo, no hay estimulación a la violencia,
sino la cercanía a la banda sonora de una
cabeza desquiciada, a su periplo por la ciudad una
noche cualquiera.
Motorman revive el sonido de las
viejas glorias del industrial. Un manejo notable
de los softwares, dotan el trabajo de este dúo
de una particular telaraña de ruidos y sonidos,
que logran con efectividad provocar frío
y un paisaje postapocalíptico de máscaras
de oxígeno. Asimismo, el manejo del bajo
intervenido le da un elemento orgánico que
no hace sino enriquecer el conjunto. Ruidoso, frío
y imaginativo a la hora de re-elaborar las estéticas
nacidas a principios de los ’80, Motorman,
desde su “Magnokor” o desde “Ferro
Satanis Corpus” explora terrenos complejos
y lo hace con personalidad e identidad en aumento.
Al parecer, en Rancagua las cosas son más
grises.
Cristóbal Cornejo.
www.audioterrorista.blogspot.com