Corre el río es el título del tercer
trabajo de Tsunamis. Antes ya habíamos conocido
su debut homónimo y el Ep Espíritu.
Y de algo podemos estar seguros, el río efectivamente
ha corrido y de qué manera.
Partamos por el arte del disco. Está bien,
puede ser intrascendente, pero en una banda como
Tsunamis es substancial. Su primer disco, Tsunamis
(2004) mostraba una sugerente toma en blanco y negro
de una mujer en una tina. Lo suficientemente húmeda
para ser una declaración de principios. Un
disco urgido, tenso, sudado, gritón, visceral.
Es posible que nunca se haya tocado tan fuerte la
caja de batería en nuestro país como
lo hizo Alejandro Gatta. Goli no escatimó
en gritos, susurros y gemidos. Un disco encabronado.
Espíritu era la luna llena en un cielo bastante
oscuro. Cuatro temas que bastaron para decirnos
que acá nacía un nuevo hombre lobo.
La noche no sólo representa el fin de un
día; también marca la llegada de uno
nuevo. Guitarras más melodiosas, pero conservando
la urgencia. Un equilibrio perfecto de lo que eran
(Cheetah) y lo que serían (Coma en roma).
Corre el río (2006) no se viene con rodeos
ni sugerencias. Están ahí, la cara
de los cuatros en el más puro estilo de bandas
sesenteras en portadas de sus discos, llámense
Rolling Stones, The Who y por qué no, un
estilo a lo Rubber Soul de Beatles. Los cuatro rostros
envueltos en una especia de torbellino. Ahí
están, desnudos, primitivos, naciendo, naturales,
en blanco y negro, haciendo su mejor carta de presentación
en estos largos años.
Corre el río no es sólo un título
acertado por una perspectiva histórica. Tiene
significado de forma independiente: en el propio
disco. Si ya decíamos que el primer largo
era bastante tensional, confrontacional y sufrido,
y Espíritu era un estadio intermedio (eso
no quita que sea un notable ejercicio sonoro) el
tercer Lp de Tsunamis fluye suave, natural, como
un bello río del sur del país, pero
en primavera-verano: calmado, brillante, generoso
y con algunos visitantes (hay dos notables apariciones).
Todo parte con Es Suicide, con un inicio a lo Lynyrd
Skynyrd. Acá hay folk rock, una espléndida
fusión de guitarras eléctrica y acústica
a cargo del ya citado Goli y Pancho Fernández.
City Monkey (elegido como primer single, ya hay
un video disponible en www.youtube.com) es un perfecto
himno anti-Santiago. “Sólo necesito
un poco de calma/ ¡No en esta ciudad!”
canta Goli en medio de unas percusiones alegres
y candentes, previo puente para explorar con sonidos
rayando en lo folclórico mientras Tsunamis
nos describe las bondades de una fuga al norte y
al sur del país. Dos opciones para contestar
lo mismo: “¿sabes quién eres
tú?”. El viaje es esencial para el
descubrimiento.
Con Dulce Amor y Libéralo las cosas se tranquilizan
bastante. Incluso hay cabida a algo de teclados
para hacer todo más dulce y Goli arremete
en Libéralo con una arenga en la mejor lírica
hippie, predicando amor y llamando
”hermanos” a sus interlocutores, en
el más puro estilo Mc5, eso sí que
estos últimos tenían fines más
combativos.
Pedro es la aventura de Alejandro Gatta, una sólida
base rock & roll marcada por la efectividad
de José Domínguez, el hombre del bajo.
Sigue Desierto, quizás el tema que resume
mejor el tercer largo de Tsunamis. Una canción
de amor que se fusiona a la perfección con
referencias a la naturaleza, otra temática
recurrente en el disco. Una canción que corre
lento y seguro, hasta que la electricidad la toma,
pero no la desmorona ni golpea. La hace más
grande, gigante, imponente. Gloriosa. Con un tema
como Desierto Tsunamis nos confirma que los años
no pasan en vano.
Algo similar pasa con Amanecer, tema cantado por
Goli, Pancho Fernández y la camaleónica
Anita Tijoux. Con un pequeño homenaje a Morrison
con ese “Ride the snake” parte una de
los imprescindibles cortes de Corre el río.
Si alguna vez se me encargara la misión de
recopilar un disco sobre colaboraciones entre bandas
criollas, este tema iría seguro. Un coro
perfecto con el juego de voces convirtiéndose
en un instrumento más, el más potente
de todos. Pero en ese disco no sólo iría
esta pieza con la voz de Makiza, también
habría que incluir el siguiente track, con
la notable aparición de Alejandro “Perrosky”
Gómez con Gracias Amigo!
Todo termina con Voy a seguirte, la mejor forma
con que podría cerrar. Una batería
ametrallada, punteos punzantes y las cuatro voces
unidas mientras la voz de Goli se esfuerza para
llegar a tonos imposibles, transformando a Tsunamis
por un momento en un coro gospel, una hermandad
certera. Así concluye el viaje por el río
que nos regala la banda chilena. Lo bueno es que
como buen río, lo de Tsunamis llega al océano.
Claro que sí, al infinito.
Andrés Zúñiga.
www.algorecords.com