Superlitio
Tripping Tropicana
Cielo Music 2004

 

Hace poco hablando con un amigo venezolano, me decía que, sin tener el nuevo álbum de la agrupación colombiana Superlitio en su poder, con sólo haber visto el primer single, Que vo’hacer, sospechaba que la banda había caído en las engañosas mieles del sonido latino dirigido al mercado norteamericano, yendo por el mismo camino en el que había caído gente como Juanes o, peor aún, Paulina Rubio. Mi amigo temía que Superlitio, después de sus fascinantes trabajos independientes anteriores, Marciana y Sonido Mostaza, con tal de seducir al mercado gringo y a la compañía que lo había firmado, había desfallecido con los clichés que se manejan en Estados Unidos con los referentes de la cultura latina.

Pues, la verdad, nada más equivocado: si es cierto que este conjunto de Calí ha profundizado en sus intenciones de fusión de todo tipo de ritmo (es una verdadera licuadora donde se disfrutan elementos del rock, de la salsa, del reggae, del drum&bass y hasta del bolero), más bien se expone como una agrupación rica en matices, dispuesta al riesgo más intenso, más universal que nunca, que sin embargo, con todo el respeto, se ubica sonoramente en su ciudad, esa que no queda lejos del Pacífico, y que es tan mulata y mestiza como lo que se refleja en las canciones de la banda.

No es grosero pensar que este disco, con canciones como Foxy, Chabetiza, Perdóname, y Camino (quizás la mejor del disco), se sienta más cercano en su discurso y su honestidad a Siembra, el famoso disco publicado en 1978 por Ruben Blades y Willie Colón, que a cualquiera de las producciones, que, como acusa mi amigo, quieren seducir actualmente al oído gringo. Superlitio es funk potente alimentado de matices de distinta procedencia que llevan como resultado el hasta ahora mejor disco del año en el continente. No exagero en ello.

 




Jose Gandour .



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