Solía tener un amigo que tenía una chapita de Supergrass con la inscripción “everyone’s second favorite band”, un lema que resume muy bien lo que ha sido la trayectoria del grupo. Herederos de todo lo bueno que alguna vez se haya hecho en el Reino Unido, tras la edición del seminal “I should coco”,los oídos del mundo se voltearon hacia ellos, esperando aquel disco que finalmente los consagraría. Pero la obra maestra nunca llegó y todos nos acostumbramos a facturaciones muy buenas, pero no geniales.
Bajo esta premisa aparece en 2002 el maravilloso “Life on other planets”, una especie de examen final que daba cuenta de todo lo que había crecido la banda a lo largo de su existencia. Hoy reaparecen con “Road to Rouen” y toman rumbo hacia tierras más calmas.
La versión 2005 de Supergrass deja de lado la efervescencia sonora de sus anteriores trabajos y se vuelcan hacia texturas más apacibles, invernales, interpretadas con innata elegancia inglesa. St. Petersburg, Low C y Fin son una patada en el culo para bandas como Coldplay o Keane, que han hecho negocio de la melosidad prefabricada.
Aunque a ratos se echan de menos, las guitarras se hacen presentes en Kick it in the Teeth o Road to Rouen, menos burbujeantes que en unaCaught by the fuzz o RichardIII, guardando plena relación con el resto del material. Por su lado, Coffe in the pot es el receso juguetón de unos Supergrass que se oyen cada vez más maduros, peor no por eso más aburridos.
En definitiva, un buen disco para oír junto a la estufa, mientras esperamos la calidez primaveral.
Vladimir Garay.