Hablando con Alvaro Gómez, repasábamos
las peripecias que hay en todo lo que significó
grabar el disco de Perrosky, el real. Este disco.
Pérdida de material, plazos inconclusos,
proyecciones multifuncionales a través del
sello o Guiso, la banda rock. Hablaba de primerizas
ideas de un álbum que tendría todo;
un ‘debut y despedida’. Y claro, así
se da hasta hoy, tanto tiempo después. Una
placa de 17 cortes, con sonidos de la urbe, con
acento, con verso y emoción. El debut del
dúo en grande, en serio. El primer día
en el resto de la carrera de un perro que ya pasea
con autoridad por la calle, con ritmo. El ritmo
y la calle.
Un disco en que faltan temas pero suena completo,
conocido. Un carrusel de invitados populares, ni
idea si lo saben, que pasean a través del
disco en un recorrido hacia lo nuestro, hacia cómo
surge de la calle el sonido populoso, honesto, verdadero.
Es blues americano de un nortino que escucha Atahualpa
Yupanqui y hoy camina por Santiago, guitarra en
mano, grabadora en la otra. Organilleros, acordeonista,
raperos y mucho más de invitaciones estelares
a un disco que emerge tan natural como el humo y
los rayados. Letras íntimas, personales,
atisbos de soledad de un Alejandro Gómez
más calmo, más atento e intuitivo,
junto al mencionado batero que oscila entre el protagonismo
y el silencio con acertada prudencia.
Tomando la última pista discográfica,
establecemos una escala entre “Otra vez”
un EP de cinco cortes distintos, separados, con
un repertorio que acá se muestra definido
en distintas posiciones, al azar. Hay cadencia del
blues más americano, letanía en piezas
como ‘Lejos’, ‘Lagonías’
o ‘Piano’, todo por la mitad del repertorio.
De ahí pasamos a canciones que progresan,
lamentos que terminan en risa, casi en baile; ‘Solo’,
‘Lo que te dan’ y ‘Olvídalo’.
Si bien el rock and roll clásico domina
la tónica del disco, es en ‘Revólver’,
‘Si tu pudieras’ o ‘AM’
donde la guitarra brilla y suda, donde se grita.
Los surcos más profundos se acercan al folclor,
a raíz, tanto como las mismas grabaciones
que hacen de pausa entre tema y tema. ‘El
Ritmo’ o ‘Pobre Diablo’ incluso
la rancherita ‘El tránsito’ se
abren a una música más personal, casi
un tributo a lo que somos, por cuanto pasó
en nuestros oídos. Sin duda que el ritmo
es vida, y en este disco, el dúo Perrosky
abre la ciudad con diversos trazos que llegan al
núcleo de dos hermanos en corbata lanzando
canciones al final del bar. Buenas canciones al
final del bar.
Kaco San Cristóbal
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