Corría octubre de 2003 cuando Natas se encontraba en Munich, en el medio de su gira Europea, cuando Stefan Koglek, dueño del sello Electorash les propone grabar en un estudio. Obviamente que los muchachos aceptan pero llegan a un fascinante lugar (un Complejo Militar de la segunda Guerra Mundial, abandonado y lleno de equipos de sonidos que datan de los años 60’s) sin saber bien lo que iban a hacer.
El asunto es que conectaron los equipos y obviamente se largaron a tocar sin parar. ¿El resultado? Un excelente disco que captura toda la esencia heavy psicodélica de una gran banda como lo es Natas, logrando momentos en que el uso de drogas no es necesario (aunque bajo el efecto de ellas, los resultados deben ser aun más devastadores).
“El Negro”, la velocidad y el fuzz de “Tormenta Mental”, la emotiva “Humo de Marihuana”, la interminable “Tomaiten”, son solo temas sacados al azahar, dentro de un trabajo que suena coherente de principio a fin, sobretodo por la onda que genera. Atrás quedaron las odiosas comparaciones de sus inicios con Kyuss. Hace mucho tiempo que la banda pela su propio sonido y nadie pondrá en duda que este disco suena a Natas mas que nunca.
Cuando muchos hablan de la decadencia del rock en el país trasandino, las excepciones saludables como Natas, confirman que hay rock para rato y del bueno. Una década de trayectoria, ediciones internacionales en Sellos de renombre mundial y su codeo con el dream team del género, no son casuales o que les haya caído del cielo. Es solo fruto del trabajo, de hacer bien las cosas y principalmente de una banda que sigue derrochando talento por doquier.
Iván Daguer.