Nacho Vegas
esto no es uan salida
limbo starr 2005



Ante lo nuevo del asturiano, nos viene a la cabeza la necesidad de concluir en que forma podríamos agrupar los tres trabajos editados este año que se acaba: el EP “El Hombre que casi conoció a Michi Panero”, el LP “Desaparezca Aquí” y este nuevo mini álbum, “Esto no es una salida”, cuarenta minutos del más denso y despiadado Vegas. La duda en la cabeza complica todo, porque, a pesar de que no hay una relación conceptual entre las tres entregas, todas parecieran apuntar a una faceta que muestra a un artista más maduro, más seguro de si mismo (o al menos de lo que realmente quiere saber y contarnos) y que, más allá del éxito que haya cosechado como un narrador entre pop y arcano, le preocupa reinventarse, escudriñar en ritmos y temáticas líricas y no dar espacio alguno a la autocomplacencia.

Los títulos que acá se presentan corresponden a canciones inéditas, excepto la primera (y sensacional) “Nuevos planes, Idénticas estrategias” de su último álbum; canciones que saldan una pequeña deuda, porque algunas son piezas habituales en sus conciertos y los seguidores las ansiaban editadas y a la mano en cualquier instante. Ellas son: “Con amor y absurdidad”, una balada entre tierna y desesperada y con una letra directa que deslumbra (basta escuchar el verso: “Dicen que incluso Caín tuvo un buena razón/ que su causa oculta no era otra que la Revolución”); “Hablando de Marlen”, otra canción de perdedores (perdedora, en este caso), emocionante desde el sonido de la guitarra acústica fundiéndose con esa voz cabizbaja, melancólica, hasta la brillantez de la arquitectura narrativa que relata una historia triste e impregnada de maldición. Luego, una sorpresa: “Mi Marilyn Particular”, que en la mitad arranca con un sorprendente crescendo rumba -gracias a la presencia de las palmas, el cajón y la guitarra española del Ratón de Los Delinqüentes-, incluido a Vegas cantando con soltura versos extremos y desabrigados.

Cuando se nos ha olvidado la duda (no completamente, por cierto) sobre el carácter confesional o no de las canciones de este artista, aparece “El último Baile”, sólo Vegas y su guitarra, bien folk, recordando a Dylan o quizás más certeramente a Nick Drake, exigiendo respuestas, pero con la sabiduría de las buenas preguntas. Para finalizar, un temazo, “Cosas Bien Hechas”, quizás lo más denso y oscuro en atmósfera que haya entregado NV. Con la cadencia de unblues, con arreglos de metales (los que en “El hombre que casi conoció a Michi Panero” sonaban circenses y cabareteros, acá son grandilocuentes y otoñales) que le dan, en sus casi diez minutos minutos, alma a la tormenta emocional que sugiere la letra. Otra prueba de fuego para la banda, para Las Esferas Invisibles, que aprueban con honores, al estilo de The Band, The Bad Seeds o The Crazy Horse.

Una nueva entrega; complicada, densa y distinta, donde no hay espacio para simplismos pop (“Tu nuevo humidificador”) ni para optimismos románticos (“El salitre”). Un Vegas directo, arriesgado, intruso. Como siempre quisiéramos a los artistas que admiramos.





Cristóbal Cornejo.





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