De un
tiempo a esta parte se ha abierto en mi una nueva
ruta de exploración musical que ha llevado
a nuevos cuestionamientos que me hago con respecto
a la música que veo escucho y que afecta
en mi manera de ver la vida y de vivir. Tiene que
ver con las grabaciones en terreno de música
popular y tribal hechas en los más variopintos
países del planeta. No es muy fácil
trazar en que momento me empecé a interesar
en esta música pero si fue importante cuando
un amigo me hace entrega de un compilado llamado
SUDAN musique de la provinve du bleu que pertenece
a la colección de la UNESCO.
Distintos ensambles musicales de las tribus de
Ingessana y Berta componen este compilado que deja
bien en claro desde sus primeros acordes cuales
son los orígenes del blues y como Africa
está tan presente en las primeras grabaciones
de Alan Lomax en el sur de EEUU como en los densos
riffs electrificados de Spacemen 3.
Esta música completado alejado de conceptos
que en nuestras sociedades occidentales se dan casi
por sentado, como el de industria discográfica,
que muchas veces nos decepciona tanto que nos hace
creer que la música y todo lo asociado es
una estupidez, nos conecta con nuestras raíces
como hombres y ver lo trascendental que es la música
en cualquier cultura. Nos hace cuestionarnos sobre
que tan valido es la idea de registrar en estudios
de grabación (ya que el registro en estos
casos esta hecho de una manera científica
y es el hombre blanco occidental que lleva a cabo
esta tarea) para luego comercializarla, nos recuerda
que tan importante es la experiencia de ver y vivir
la música como un evento que trastoca nuestros
sentidos y nuestra espiritualidad.
Es verdad que la música tiene muchas cosas
negativas asociado a ella en nuestra cultura que
tiene que ver con su industrialización que
se lleva a cabo en torno a esta pero registros como
estos, que nos permiten tan solo percatarnos de
maneras completamente de vivir la música,
que me hace pensar que a pesar de todo nunca nos
podrán quitar la música.
Tomas Salvatierra
Riquelme.