Han pasado más de 10 años desde que aterrizara en Lima la ópera prima de este genial dúo americano. Recuerdo que el catálogo de la Projekt los definía como un cruce entre My Bloody Valentine y Slowdive, sin duda una definición que impelía a hacerse con el Bloweyelashwish ya. ¡Ah! bellas épocas aquellas.
Hoy el retorno de estos incomprendidos semidioses del ethereal noise es un sobrenatural susurro de ángeles desde sus corazones. La dupla Cortez-Arpin ha confeccionado el impresionante Chorus partiendo sólo de sus respectivas voces (¿alguien dijo Medulla de Björk?). Éstas sufren aquí un sinnúmero de permutaciones hasta quedar transformadas en los innombrables cantos que otorgan ensoñadora vida a este valiosísimo artefacto.
“Canciones” como “Rhuv”, “Glinq”, “Xuvía” o “Efesk”, entre muchas otras, nos muestran las impecables vocales de la dupla de Arizona transmutadas en ritmos y sonidos. A lo largo de 71 minutos, aparentan inclusive ser teclados minimales y, en contadas ocasiones, guitarras ruidosas. Acá la canción ha sido destruida y reconstruida de manera sumamente original. No encontrarás por ningún lado estructuras convencionales ni líricas discernibles. Todo es nuevo. No hay duda, Scott Cortez es simplemente un genio, hijo de ilustres como La Monte Young o Brian Eno. Chorus, es una nueva hazaña de la vanguardia espacial contemporánea: “¡bendito sea nuestro sí mismo creador y abisal, amigo!” –parafraseando a Nietzsche.
Wilder Gonzales Agreda.