Entra ‘Sonic Redemption’ y el trance
está declarado. Tres temas más allá,
te ves inmerso en galaxias al interior de tu mente,
aparece un atisbo de “radial-rock” con
‘Frío Ni Calor’ y luego el viaje
sigue, sigue y sigue. Dentro de todo, el vuelo más
elevado, sólido y convincente de una banda
que le otorga frescura a un suelo enfermo y gris.
Escuchar The Ganjas esperando el troncal quizá
asegure que prefieras caminar, elevarse y no mirar.
Si ya vamos como en el temita 9, ‘7th day’
y la música se desparrama en la alfombra,
las luces adquieren tonos desconocidos y el disco
se funde en el reproductor.
Al observar la evolución del trío
Aldo-Sam-Pape, encontramos la potencia no sólo
en el núcleo, sino en matices, en invitados,
en un sentido hacia lo alto. Hoy, ya su cuarta entrega
discográfica, con Pablo Giadach (Casino)
y Rodrigo Astaburuaga (Camión) al acecho,
las guitarras se afilan, se lucen, envuelven una
batería más atrevida y diversa, en
trenzas con un bajo perfecto que mantiene el hilo,
el humo, el vuelo. Líneas de bajo que te
acercan al parlante y te sorprenden junto a un plato,
o que saludan sólidas a lo lejos. Descubrir
la conexión inaudita que surge desde el bajo
hacia las sonoridades extremas de platillos y guitarras
da la concepción astronómica de un
disco que se eleva desde el rock, la raíz
de una banda que combina las chaquetas con sicodelia,
dub y poesía. Cómo reunir aquello?
La ganja, Dios mediante.
Por dentro y por fuera, el disco demuestra convicción,
credibilidad y potencia. Un digipack de lujo, un
sonido sobresaliente, un set seguro dan la pauta
a que el mensaje que llega tras la apología
de ‘Laydown’ (2005). Estamos frente
a una banda que se desmarca de medios tonos, de
pruebas. Ya no es el jam en la sala de Yajaira,
es The Ganjas una banda compacta, que se adapta
al presente y emite aullidos certeros, discos correctos,
evoluciona positivamente a un ritmo que deja huellas,
son sólo seis años de constante avance.
Trece temas con calma y densidad, un cuento que
antes del fin se abre dos veces. Casi una hora de
lisérgicas entregas de locura, de creencia
urbana y despego envolvente. Comenzando con uno
de los temas más certeros, una ‘redención
sónica’ un gol de entrada hacia lo
explorativo, piezas como ‘Smokin’ Louise’,
‘Riot Dub’ y ‘Raise’ pasean
en acuáticas melodías eternas, en
un descanso. El cuarto tema, que promociona el disco
en la urbanidad; Frío Ni Calor, la pieza
en español que viene a sentar bases de aclamaciones
acostumbradas al sonido americano, con adaptación
de idioma y todo aquello. Justamente el groove se
abre en ‘New Groove’ hacia un paseo
dominado por atmósferas de guitarra, donde
los invitados de este disco blindan las cuerdas
de Samuel quien explora esta vez más allá
en el micrófono, a través de su lírica
espacial y dislocada de lo real.
Es ‘7th Day’ la pieza que antecede
y prepara con goteo invernal el viaje tras ‘Daybreak’
la pieza que quiebra el disco, que completa la idea,
la confirma. Es el momento del día (y del
disco) donde todo toma otro color, otra importancia,
a esta hora quizá los rayos de sol adquieren
matices de antología, un guiño a lo
que fue su disco anterior. De ahí en más
‘Exile’ viene a poner en retirada los
cambios de esta oportunidad, las guitarras, los
coros y temas de duración precisa para radio
para adentrarnos en arenas más propias de
la banda, sonidos de cinco minutos y más,
exploración y encuentro, valoración
y seguridad tras un disco que confirma, una banda
que avanza, un sonido que vuela.
Kaco San Cristóbal.