Grails explora (ta) cada hebra, cada influencia,
cada sensación que puede aflorar de su música.
No sé, no me gustaría llamarlo evolución
ni nada por el estilo. Sería más bien
una dicotomía, un quiebre, una viaje hacia
nuevos rincones donde sólo ellos pueden llegar.
Pero también todo esto significa un riesgo
latente. De ahí se desprende la fórmula
que hace exitosa y llamativa a esta; una limpieza
sonora como pocas, liviana, consecuente que sin
innovar logra sacar adelante un rock ambientalista
sin excesos.
Producido por ellos y Wray Lobdell (de Faust),
Burning off Impurities es un trabajo que alcanza
momentos donde la mesura y la liviandad es elocuente,
pero que en otros se permite salir de sus bases
y se crean esos quiebres transversales en sus melodías,
cuando la pasmosa inoperancia de sus guitarras y
la aburrida monotonía se hace elocuente.
Lo otro que llama la atención de Grails
es la imagen que puede ofrecer en cada disco. Como
un cambio de pelaje o una mutación, el grupo
es capaz de representar distintas formas en todos
sus trabajos; The Burden Of Hope (2003), se mostraban
a sí mismos como una agrupación folk
de tintes cercanos a lo que hacían Dirty
Three, luego en Red Light (2004), se perfilaban
a un rincón más terrenal donde por
fin se podía pensar en que la podían
tener su propia firma, pero ahora la vuelta hacia
la otra esquina, siendo mucho más experimentales,
jugando su pellejo en cada presentación.
No podría definir si esto es ascendente
o va en descenso. Pero hay algo que todavía
no logró entender; esa increíble manera
de poder crear sin limitaciones paisajes de distintos
colores, sin mayores esfuerzos. No son avezados
músicos, tampoco se aventajan a muchos –
créanme, los hay en demasía y mejores
–, pero tienen algo que muchos otros no tienen
o de por sí lo desearían: eficacia.
Concepto que define las bases instrumentales de
Grails y que muchos alaban por concretarlo.
En Burning off Impurities, siguen manteniendo el
mismo esqueleto estructural de siempre, pero ahora
se adentran en secuencias de rock instrumental más
clásico. También amplían latitudes
al ofrecer una mayor gama de instrumentos (entre
trompetas, armónicas y melódicas),
tratando de sobresalir y entregar estados de gracia
de manera forzada; en “Silk Rd” o “Dead
Vine Blues”, es evidente que sensorialmente
se entrega algo, pero eso no significa que el gustillo
a poco siga quedando en el paladar.
A pesar de esto, la etiqueta de únicos y
originales a Grails les queda bastante grande. En
la escena ambiental, todos son arriesgados y cada
uno trata de implantar su propio sello y eso todos
lo saben. Lo siento, esta experiencia me aburre
y creo que tengo mejores cosas por hacer.
Óscar Martínez.