Fursaxa nos tiene mal acostumbrados con sus buenos
discos. Porque más allá de no presentar
grandes diferencias, lo suyo pasa por una serie
de ejercicios dronisticos en los que ella, una guitarra,
una flauta, su voz y algunas percusiones sen encargan
de construir drones (valga la redundancia) con un
tratamiento bastante diferente al que usan algunos
minimalistas como La Monte Young o Tony Conrad.
Sus ejercicios de repeticiones pasan por guitarras
en loops, pasajes cantados (en los que se me ocurre
que Richard Youngs, utiliza similar técnica)
y la creación de numerosos momentos en que
da la impresión de estar sumergidos en una
ceremonia litúrgica (“Neon Lights”).
Lo inmaculado de su propuesta es una constante en
sus trabajos, con muchas reminiscencias del folk
estadounidense (Hay por ahí una colaboración
junto a Six Organs of Admittance) y un toque de
misticismo y psicodelia ( muy bien desarrolada en
“Velada”) que en el caso de “Lepidoptera”,
termina por redondear un excelente disco.
La producción de Michael Gibbons (Bardo
Pond), sin dudas que influye en el carácter
sicodélico de esta obra, logrando un balance
casi perfecto entre los ejercicios sonoros de Tara
Burke y esa cosa expansiva que va mas allá
de los efectos sensoriales que provoca escuchar
un drone. Porque más allá de la complejidad
de sus trabajos, hay una cosa en sus composiciones
que indudablemente atrapa al oyente y lo hipnotiza.
“Lepidoptera” supone ser uno de sus
mejores trabajos hasta la fecha Un disco místico,
encantador y solemne, realizado por una artista
autosuficiente, que sabe muy bien lo que quiere
y como lograrlo.
Iván Daguer.