Siguiendo la misma senda que su anterior trabajo,
Lepidoctera (ATP, 2005), Fursaxa o mejor dicho Tara
Burke, nuevamente escapa de los espejos habituales
y comparativos de la música actual. Bicho
raro, diferente o como usted la quiera llamar, nuevamente
esta chica sabe lo que quiere y cómo lograrlo.
En Alone in the Dark Wood, Fursaxa se esconde entre
bosques mágicos y espectrales, por los cuales
es muy difícil de caminar. Por ahí,
la oscuridad de lugar, la densa y virulenta niebla,
no permite ver el final del camino, ni tampoco lo
hará. Ella nos llama a seguirla, pero después
se esconde entre arbustos y sombras, jugando con
nosotros mientras sin darnos cuenta, nos adentramos
más y más en su mundo.
A pesar de esto, la desesperación ni el
aburrimiento existen. La experiencia de introducirnos
a este enigmático bosque puede ser vital;
hay presencias oníricas de voces soñolientas,
que nos llenan a una inmensa calma y nos guían
por la senda correcta. Ayudan también, esas
atmósferas envolventes, creada por la armonía
celestial de los instrumentos de viento, percusiones
puras de aires libertarios y los zumbidos lánguidos
del drone que se dejan sentir eternamente.
Este no es un aparataje complejo ni tampoco ordinario;
la mixtura de todo, se da en la medida justa, sin
quitarle ni agregarle nada a toda esta visualización
maravillosa que logra Fursaxa, plasmando alucinaciones
personales que se convierten en colectivas. Las
sensaciones que se da en Alone in the …..,
se acercan a la esquizoide experiencia de escuchar
hablar a la naturaleza; escuchar voces hipnóticas
que te llaman a lo lejos, olores frescos e intensos
y sentir el viento helado atravesando tu cara.
Sin ir más lejos, todo se nos presenta como
una suerte de ritual, se divide en dos partes; la
primera corresponde a oscuras y abstractas composiciones
como “Lunaria Enters the Blue Lodge”
o “Black Haw”, mientras que la segunda
es lumínica y cristalina donde se destacan
“In the Hollow Mink Shoal” o “Nawne
Ye”.
Esta obra de fe llamada Alone in the Dark Wood,
no es para nada algo fácil de digerir. Pero
es atractivo, claro y honesto, de interpretación
clara, elocuente, su título se deja sentir
a cada instante. Un disco primordial para esas personas
que se quieran dejar llevar y perderse ahí,
en la mitad de un gran bosque, por un buen rato.
Óscar Martínez