Termina el conteo y la bomba explota. Pocos segundos
y ya el punk rock más directo de los Fiskales
se desparrama por el aire, un mensaje directo y
potente, una confrontación a la realidad
más oscura viene a refrescar el presente
de la más longeva banda contestataria de
fin de siglo, una banda activa y necesaria, un discurso
esperado y urgente, un disco muy bueno.
Tras una sequía creativa, un disco como
“Calavera” (2001) dejó con ánimos
de revancha frente a cómo estaba sonando
la banda ya bajo el alero de la autogestión,
con un desarrollo evidente de ideas motivadas por
una realidad solapada, hipócrita y abusiva.
Una formació convertida en quinteto que se
nota al primer acorde. La inclusión de Juan
Pablo Arredondo (Pendex, Familea Miranda, entre
otras) favorece el sonido rock, lo agiliza y se
vuelve radial, una grabación acertada (Panzón
Navarrete, Hielo Negro) y una masterización
de excepción (Gonzalo González) dejan
esta placa como un sello potente y actualizado que
ya pasa los veinte años de acertados dardos
al sistema injusto y opresor. Punk rock activo y
vigente desde el fin del mundo, en la vereda de
los excluidos, los que luchan y dan la batalla diaria.
Líricamente, el disco se completa con vivencias
ajenas que golpean la coraza más profunda,
donde se mezcla con ideas de cambio ancladas a lo
estrictamente personal, plasmado en cortes como
‘Autoestimulación’, ‘Mi
cocina’ o ‘Esa vida’. Los cisnes
muertos en el lago (‘De cuello negro’),
la corrupción (‘La Mano’), la
revolución estudiantil (‘Listo para
ir’) y un sistema infectado de corrupción
y violencia, de represión y robo son acusados
por la ácida crítica a lo real, esta
vez perfectamente ensamblada con inclusiones más
personales, con letras enfocadas en cómo
tu realidad se pudre cuando el smog y la opresión
recaen sobre tu entorno. Desilusión y rabia,
seguridad y consecuencia, las balas de Fiskales
aún recaen de manera evidente sobre los culpables.
A veinte años de su aparición, a
seis de su último disco, las responsabilidades
cambian, el entorno está envuelto en una
constante categorización mercantil de la
sociedad y las alarmas son cada vez más tenues,
en ello el mensaje de Fiskales Ad-Hok se hace evidente.
Murió Pinochet, ya van cerca de veinte años
de pseudos-democracia y las cosas aún no
cambian, está vez el enemigo viste un traje
atractivo, cínico y en un presente así,
las excusas son destapadas, la necesidad de acción
se desenvuelve en un disco de factura mayor, una
paca trabajada con todo el tiempo para lograr un
nivel como el que se plasma en canciones concisas,
en un sonido directo, un menú variopinto
de punk y rock a la vena, áspero y sin fisuras.
Una bala termina con 42 minutos de desahogo y realidad,
con un menú de lados B de una realidad snob.
Es la realidad podrida en la voz más urgente
a los cambios, es la bomba de Fiskales activando
la alarma, es un corazón dentro de la molotov
que viene a desmantelar un engranaje de la mentira
y opresión, es hora de decir basta, un lindo
momento frente al caos.
Kaco San Cristóbal.