No es necesario escuchar demasiadas
veces un disco como “Smokey Rolls Down Thunder
Canyon”, para que un mar de preguntas surjan
en torno a Devendra Banhart, uno de los músicos
de mayor explosión mediática en los
últimos años.
Desde sus bizarros pero también mágicos
momentos en Young God Records (propiedad de Michael
Gira) hasta los tiempos actuales, Banhart, siempre
se ha visto asimilando y exteriorizando las nuevas
influencias que han sido parte de su universo musical,
solo que ahora la cosa ha llegado en un punto en
que no se sabe bien si el músico esta buscando
niveles de aceptación masiva o si realmente
sus nuevas entregas aun están crudas y que
quizás falta algo de tiempo para que agarren
un sabor algo mas propio, con mas identidad. Así
que mejor no estar en ninguna cara de la moneda
y analizar la cosa con calma para ver con que nos
encontramos.
El resultado global del disco, esta bastante lejos
de ser satisfactorio, muchas canciones que son parte
de este trabajo defraudan y podrían ser fácilmente
tildadas como oportunistas. Da la impresión
que viesen sido pensadas para llegar a un publico
algo ignorante y ávido de cosas exóticas
(bajo su contexto cultural “primer mundista”)
pero que no van a surgir el mismo efecto en nuestra
realidad sudaca, la que conoce a la perfección
las fuentes y que no se tragara tan fácilmente
las canciones de este disco.
Sin ir mas lejos, cortes como “Shabop Shalom”
(con descaradas referencias a Xavier Cugat), “Carmencita”,
“Samba Vexillographica” (Tropicalia”)
o los coros de Gael García en “Cristóbal”,
solo ayudan a alimentar la distancia a un disco
de por si, carente de un sello definido.
Los pasos en falso siguen con “Sabed”,
una balada gospel a la Spiritualized, pero carente
del filtro psicodélico que hace marcar una
distancia a la banda del ex Spacemen 3. La misma
suerte corre “So long old beam”, un
fallido reggae que roza los bordes de la vulgaridad.
Dentro de lo poco que salva al disco esta “Seahorse”,
un largo tema con tres partes claramente definidas,
con muchas referencias neo psicodélicas que
los podrían situar en un periodo que comprende
la primera parte de la década de los 70’s.
Pero más allá de eso, el tema esta
muy bien trabajado y hay momentos de real excitación,
con un Banhart que esta vez rockea muy cómodo
y que logra una bizarra atmósfera similar
a la de sus primeros trabajos, los que se extrañan
en demasía luego de encontrarse con un disco
como este. La misma suerte corre la “Tonada
Yanomaminista”, con claras referencias al
dream pop y garage rock de los 60’s, pero
que también logra satisfactorios resultados.
Por ahí alguien decía que siempre
las ensaladas de fruta quedaban ricas, sin importar
que frutas se le agregaban. El caso de “Smokey
Rolls Down Thunder Canyon”, vendría
a marcar la excepción a la regla. Un collage
pastiche de canciones, que hace imposible definir
la identidad de este disco, quitándole algo
muy importante al concepto global de este, su coherencia.
Iván Daguer.