Black Mountain es un disco
impredecible pero no por eso pierde encanto. Las aguas psicodélicas en las que se mueve son variadas y evocan una serie de nombres que comienzan en Blue Cheer, Led Zeppelín, la Velvet Underground y terminan con algunos resabios de nuestros conocidos Natas (da la impresión que los chicos estuvieron investigando discos como “Corsario Negro” y “La Ciudad de Brahman”).
Esta gama de influencias se deja ver desde el primer segundo del disco. “Modern Music” (titulo no casual) da la bienvenida, evocando los sonidos de la Velvet (lo mismo sucede con “No Satisfaction”) para luego dar paso a un fuerte contraste en “Don’t un hearts around back”, en donde el espíritu de Blue Cheer o Led Zeppelín son evidentes, eso sí, estando muy lejos de ser una burda imitación como es común en estos días. Black Mountain tiene su sello propio y eso es claramente distinguible a medida que transcurren los minutos. Retroceden en el tiempo pero a partir de allí, aprietan el acelerador rumbo al futuro. La consigna no es contemplar y venerar a los iconos sagrados del rock. La idea es hurgar y revolver hasta el hartazgo, sin miedo y sin ese afán oportunista del cual ha sido presa una gran facción de la música “independiente” actual.
Black Mountain se mueve en ambos extremos: uno marcado por el minimalismo y el otro por fuertes dosis de psicodelia emparentadas con el hard y stoner rock. Este eclecticismo convierte la audición en una experiencia bastante entretenida. No hay estridencias ni tampoco una sensación de monotonía que pudiera llevar al bostezo. Las obvias influencias son usadas como punto de inflexión para la personalidad propia de la banda, un saludable fenómeno que se viene siendo una constante en la arista más underground del rock independiente estadounidense.
Black Mountain es un disco parejo, impredecible y cargado de buenos momentos. Aunque suene redundante, lo más notable es el uso de reconocibles influencias para crear un producto que suena propio, con una definida personalidad y que a los pocos minutos termina seduciendo y encantando sin tener que esforzarse mucho.
Ivan Daguer.