Luego de haber escuchado “Vespertine” (2001), su penúltima larga duración, pensé que Björk seguiría hasta el fin de su carrera el camino de la electrónica delicada y a la vez furiosa, que se fundía perfectamente son las líneas de su potente voz. Por eso, al enterarme que preparaba un nuevo álbum no esperaba grandes sorpresas, sino una confirmación de lo mismo. El punto es que empezaron los rumores de que el disco se sostendría sólo a través de voces, que colaboraría Mike Patton, además Rahzel de los Roots, y que había decidido dejar de lado la ayuda de músicos…entonces comencé a interesarme por llegar a escuchar tan singular producto. Y sí, me llevé una gran sorpresa. Nuevamente Björk rompía con sus propios dogmas.
Después de la audición de “Medulla”, me di cuenta que la islandesa había conseguido gracias a las catorce canciones que componen la placa marcar un nuevo hito en su carrera, al igual que cuando “Homogenic” (1997) la convirtió en la artista femenina más original y atrevida del momento. Sola, sin mayores colaboraciones de producción de por medio, daba cuenta de su calidad como creadora e interprete sacándole el mayor partido a su voz. Simplemente su voz, la gran arma de “Medulla”, que se unen a versos íntimos y simples, grandes en su honestidad. Sonando compleja en algunos pasajes del álbum y en otros tan cercana al pop como en “Debut” (1993) la pequeña Gudmundsdottir logra superar todas las expectativas.
Y es que en este disco las composiciones son cuento aparte. La islandesa explora dos esferas a la hora de crear: la primera es la que se basa en una infinidad de samplers de voces para armar una estructura y dejar de lados las programaciones (o por lo menos en segundo lugar) para terminar con un producto que recupera esa vitalidad que la caracteriza (ya sea en temas como “Who Is It” o “Triumph of a Heart” eso queda más que claro) dejando al escucha con los ánimos en alto o punto de saltar a la pista de baile, y una segunda propuesta más pura, cuando su voz se despliega sola o junto al mínimo de arreglos, siendo capaz de llenar todos los espacios. Son esos momentos del disco cuando por un momento podemos sentir que Björk está cantando a nuestro lado.
Sin dudas ambas esferas se complementan a la perfección volviendo al disco una unidad, una pieza bien armada.
Finalmente, lejos de mostrarnos a una artista consolidada (que por sí sola lo es) “Medulla” abre nuevos caminos para la islandesa, además de un gran desafió por delante: superar su propia genialidad, en un posible nuevo disco, para volver a sorprender a los oidos del planeta. Pero prefiero seguir sorprendiéndome cada vez que aprieto play para escuchar este disco y dejar los comentarios objetivos para los demás. Después de todo las canciones son las que quedan, y luego de escuchar una canción como “Mouth’s Cradle” (track nº12 imperdible) no me queda más que rendirme ante la supremacía de Björk.
Noe Cornejo.