Tras investigar la obra del compositor neoyorquino
William Basinski, podemos afirmar que esta última
que nos entrega es ciertamente diferente a todos sus
trabajos anteriores. De hecho, este debe ser el trabajo
más simple (teniendo en cuenta lo épica
del cuádruple disco “The Disintegration
Loops”) o menos complejo, considerando el tono
minimalista y transparente de este “The Garden
of Brokenness”.
Esta pieza de casi 50 minutos se conforma de (1)
una tranquila melodía de piano de sólo
tres notas (reciclada de unas antiquísimas
cintas de Basinski), tocada una y otra vez por varios
minutos, a la que (2) luego se superpone una muralla
de ruido que rodea al piano y termina por crear
un efecto como si se estuviera dentro de una pieza
llena espejos. Todo esto, decantado por certeros
espacios de silencio que permiten el retorno del
piano y el ruido, en un drone atmosféricamente
acuático. El carácter subliminalmente
repetitivo de esta obra conlleva un trance hipnótico,
o al menos un efecto preciso en nuestro estado de
ánimo. Ya decía, tiene un aura muy
acuática, como la banda sonora para un soldado
que ha caído desde el barco en alguna guerra
marítima y se hunde lentamente sin llegar
nunca a tocar el fondo del océano.
Basinski alguna vez definió su música
como oscura y elegiaca, cosas que están presentes
también aquí. Sin embargo, a pesar
de lo triste, hay un dejo esperanzador, como si
tras la caída de este soldado, en el fondo
del océano se escondiera una realidad mucho
más reluciente que la de la superficie. Una
obra para cerrar los ojos e imaginar la muerte por
inmersión. Ambient por antonomasia.
Cristóbal Cornejo.