Si la vida le da limones… ¡estrújelos
hasta la última gota! Séquelos enteros
y cuando esté seguro de que es físicamente
imposible sacar más jugo, machaque la cáscara.
Por si acaso. Ésa es la lógica que ha
seguido la industria musical, en pos de la siempre
noble tarea de facturar. Y es que si no hay lucas,
no hay discos. Y si no hay discos…puta que fome…
Con olfato asesino, las disqueras buscan la próxima
fórmula ganadora y cuando la encuentran,
la explotan como a país bananero. Es así
como en el último tiempo nos hemos llenado
de neorock de garage desaliñado, folk neohippie
loco y, cómo no, pop barroco infantilmente
ingenuo, que al parecer abunda en países
pseudo exóticos como Australia o Suecia.
¿Porqué entonces detenerse a escuchar
a los neozelandeses The Brunettes? Primero que todo,
porque puedes contar a los integrantes con los dedos
de una mano y hasta te sobran algunos. Si, porque
The Brunettes es un dúo y en ‘Structures
& Cosmetics’ demuestran que dos es todo
lo que se necesita para hacer un excelente disco.
Chúpate esa I’m from Barcelona.
Y lo de los integrantes no es menor, pues el mejor
pop es aquel capaz de producirse al máximo
y aun así no sonar pomposo. Una ecuación
complicada, donde la palabra ‘RECATO’
aparece en mayúsculas. The Brunettes lo entiende
y nos entrega un disco preciosamente producido,
detallista y divertido.
Para quienes estén familiarizados con los
anteriores trabajos del grupo, puedo decir que esta
placa es menos azucarada que ‘Holding Hands,
Feeding Ducks’ y menos burbujeante que ‘Mars
Loves Venus’, manteniendo intactos los sentidos
de la melodía y el humor. Porque, tal como
indica su nombre, ‘Structure & Cosmetics’
es un disco sobre la forma y las posibilidades que
entrega el estudio de grabación. Sobre como
agarrar la misma fórmula por millonésima
vez y hacerla sonar diferente en cada uno de los
nueve tracks.
El inicio con ‘Brunettes Against Bubblegum
Youth’ es una ola de bronces y voces que sube
hasta reventar de regocijo, en la canción
más alegre del disco, solo para dar paso
a la exquisita ‘Stereo (Mono Mono)’.
El dejo de melancolía en canciones como
‘Wall Poster Star’ o ‘Small Town
Crew’ descubren cierta lógica cuasi
sadomasoquista de la música pop, cuando es
imposible no encontrarlas adorables. Pero no todo
es oro en la senda de The Brunettes: ‘Obligatory
Road Song’ es un cliché insufrible,
con un Jonathan Bree vomitivo. Lejos lo peor del
disco.
Tras poco más de media hora, aparece ‘Structure
& Cosmetics’ para cerrar la placa como
se debe: con un precioso dueto a lo Spaghetti Western.
Un final delicioso para uno de los buenos discos
de la temporada.
Vladimir Garay