La avalancha de artistas japoneses no se detiene.
Su diferente visión del mundo, los hace mirar
las cosas bajo una perspectiva definitivamente no
común para el mundo occidental. Por eso no
sorprende encontrar una amplia gama de sorprendentes
nombres, unidos por una suerte de extremismo sonoro
que nadie sabe de donde viene pero que tampoco viene
muy al caso.
Remitiéndose a una banda como Boris, “Pink”
es el disco que quizás mejor reúne
todos los elementos que han sido característicos
en su ya extensa discografía. Un sólido
cóctel de mega drones sabbaticos, adornados
con mucha psicodelia oscura (que los acerca muchas
veces a las arenosas tierras del stoner rock) y
el punk rock más sucio y ortodoxo que se
pueda encontrar.
“Pink” abre en forma solemne, con un
tema de características épicas (“Farewell”),
desgarrador emocionalmente y lleno de intensidad
que aumenta sus niveles, a medida que las descargas
psicodélicas de la banda hacen nata. Hasta
allí, todo pareciera indicar que Boris ha
dado paso a los ultra pesados drones de “Amplifier
Workship” para ingresar en terrenos un poquito
más accesible, pero en un dos por tres, la
bada da un violento giro a la tuerca y asesina con
“Pink”, un violento corte que coquetea
con el punk rock y el speed metal. El lado salvaje
de los japoneses ha llegado para quedarse y no se
irá hasta que el disco acabe.
Boris nos tiene acostumbrados a la sorpresa y cada
disco ha sido un reflejo de esto. “Pink”
es un sólido trabajo, impredecible y muy
bien estructurado como concepto de álbum
en general. Otro punto alto en su destacada carrera
y que seguro hará las delicias entre seguidores
de bandas tipo Sunn0))), Mainliner o algunos coterráneos
suyos como High Rise o incluso los Boredoms.
Iván Daguer.