A Tiempo atrás, se solía relacionar
a una banda como Boards of Canada con música
para comerciales de televisión. Y si, presa
de una búsqueda musical, el grupo cayó
en una suerte de electrónica pretenciosa, que
independiente de la calidad que reflejaron obras como
“Music Has the Right to Children”, se
tendió a estandarizar el sonido de una banda
llena de real potencial.
Como buenos músicos inquietos, sabían
que la evolución era una prioridad para no
sucumbir en el camino. Y aunque “Geogaddi”
(2002, Warp), supone cierto avance (con algunos
coqueteos al Kraut Rock), los vicios mostrados por
Boards of Canada se repetían.
Pero la respuesta satisfactoria, luego del mar
de dudas sembradas en el pasado, llegarían
de la mano de “The Campfire Headphase”,
un disco soberbio de principio a fin, en el que
la banda se reinventa en forma notable, y lo mejor
de todo es que siguen sonando a ellos mismos.
De partida, la mano del disco se anuncia como viene
desde su portada, en la cual, colores cercanos al
azul, con una confusa imagen que sugiere estar en
un ambiente semi acuático, cercano a una
ventosa playa o algo así. Y bueno, a medida
que el disco se va desarrollando, rápidamente
se crea una sensación en el ambiente que
simula estar en un lugar como el descrito, sintiendo
el viento, y mirando las olas en un día gris
a punto de llover. Los colchones electrónicos
desplegados por el dúo escocés, logran
reproducir una atmósfera como la recién
relatada, sin necesidad de samplear vientos ni ningún
elemento de la naturaleza. Todo esta construido
a través de innumerables sonidos generados
pos sus maquinas, los que asoman sin cesar mientras
corren los minutos del disco.
Porque mas allá, de algunos toques de guitarra
que en realidad pasan desapercibidos y algunos juegos
rítmicos propios de su sonido, el gran mérito
de
The Campfire Headphase” es poder transportarte
virtualmente a ese paraíso propuesto por
la banda. Cuando los beats se extinguen y se arma
una muralla de sonido, se produce bellos y alucinantes
efectos que suponen ser los mejores momentos del
disco. A partir de “Constants Are Changing”
y hasta el final del álbum, el disco entra
en un mágico momento. Todo ese concepto de
Folktronica, tan de moda en el último tiempo
gracias a gente como Four Tet y ellos mismos, claro,
se ve reflejado en toda su expresión.
“The Campfire Headphase” supone ser
el mejor disco electrónico aparecido durante
el 2005. Porque más que cualquier innovación
de tipo compositiva que pueda representar algún
tipo de progreso (que siente las bases de la electrónica
de la segunda mitad de la década), este trabajo
esta lejos de sonar inerte y estéril. Esto
demuestra que si se quiere, las maquinas también
tienen corazón y que son capaces de generar
un hermoso álbum, lleno (paradójicamente)
de sentimiento humano.
Iván Daguer.