Habría sido aún más mágico haber descubierto este disco en un invierno frío hasta la nieve, con el color que esto trae. Color que pinta el suelo, los techos, los árboles y, por supuesto, nuestro estado de ánimo. Éste quinteto canadiense, arremete el indie norteamericano con este “Funeral”, un disco profundamente poético, lleno de metáforas, pero que activa conciencias, invita a pensar y a aceptar que la única manera de vencer los miedos adolescentes (el de crecer, de enfrentarse a la vida “adulta”, a la vida en pareja, el de tener que combatir sin voluntad en eso que llaman “mundo laboral”) es gritando y aceptándolos. En definitiva, siendo.
Toda esta idea, se complementa con un planteamiento musical muy rico. Arreglos de cuerdas, bajos distorsionados, sintetizadores, acordeones, violines y coros, dan vida a esta obra invernal, casi decadente y oscura, profundamente dramática (a ratos la voz Win Butler recuerda a Bowie y al mismísimo Roger Waters más agudo), que no duda en mezclar el francés y el inglés (“Une Anee sans Lumiere”) ni varios ritmos disímiles en una sola canción (“Wake Up” y casi todas). Se conjugan, así, sentimientos y emociones, con ironía, que transforma en catarsis toda la energía –de letra y ritmo- de las canciones (“Neighborhood 4”). La versatilidad también se aprecia en “Crown of Love”, tan intensa, llena de desamor y angustia, que se convierte casi en una balada épica, y que finaliza en una armoniosa melodía, que recuerda los Pulp más desesperados.
El “Funeral” de Arcade Fire es un trabajo prolijo que emociona, que limpia, tal como la lluvia limpia la polución que cubre el cielo de las grandes ciudades. Estamos todos cordialmente invitados al funeral de los temores, de la inercia, de esconder los sentimientos. Porque luego de la tormenta, siempre sale el sol (o casi siempre).
Cristobal Cornejo .