Dentro del saludable mundo noise (que no se cansa
de expander sus horizontes ilimitados), uno de los
elementos mas utilizado por la nueva camada de bandas
ha sido la voz... De manera no muy convencional,
claro, pero realmente efectiva. Desde Wolf Eyes
o el noise psicodélico de Animal Collective
hasta los Double Leopards o el free noise de Black
Dice. Sin dudas que la voz ha pasado a ser un elemento
muy importante y definitivamente la cosa no pasa
por ponerse a gritar como un animal desaforado solo
para generar “ruido”.
Un buen caso es el de los Axololt, o más
bien, Karl Bauer. Un geniecillo que se las arregla
para hacer música mediante el uso de voz,
violines y algún instrumento electrónico.
¿El resultado? Un disco por momentos hermoso
y mágico, con momentos expansores que recuerdan
las atmósferas de artistas como Fennesz o
los instantes más etéreos de Black
Dice. El disco evoca abstractos paraísos,
pero revisando el nombre de las composiciones, da
la impresión que todo va dirigido a explorar
el centro de la mente y vaya que bien lo logra.
Sorpresivamente, el disco encanta fácilmente
y no requiere de demasiadas audiciones para ser
digerido. Los climas y atmósferas logradas
por Axololt son absolutamente placenteros y terminan
siendo como una suerte de drone psicodélico,
con muchísimos matices y colores que le dan
una grata diversidad al disco como producto global.
Iván Daguer.